Alíviese: Usted es sólo un mayordomo


(system) #1

(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Informe desde el campo

Durante los últimos veintitrés años, a excepción de aislados fines de semana, he sido una habitué de las Escuelas Sabáticas de niños—y ha habido muchos cambios desde 1986. El estudio sobre Génesis de 1989, con sus conclusiones de que muchos jóvenes Adventistas del Séptimo Día no estaban seguros de su salvación, o de tener una relación personal con Dios que les diera consuelo y alegría, y con estadísticas que mostraban que muchos jóvenes criados en la iglesia no mantenían su membresía al llegar a adultos, confrontó a los líderes de Ministerios Juveniles con un problema muy preocupante.

Estuvieron a la altura de ese desafío con una monumental revisión del plan de estudios: las lecciones bíblicas semanales ofrecidas en las publicaciones de El amiguito (a través de Insight en el mundo de habla inglesa), y el material didáctico proporcionado a los dirigentes y al personal de las Escuelas Sabáticas, fueron re-escritos totalmente a partir del año 2000. La rotación de las enseñanzas de la Biblia en GraceLink, como se le llama al nuevo plan de estudios, está estructurada para reforzar cuatro temas adventistas fundamentales. No se trata de el sábado, ni del estado de los muertos, la Segunda Venida, o el mensaje de salud—y ni siquiera la mayordomía. Se trata de la Gracia (“Dios me ama” es el lema que usamos en el jardín de infantes); el Culto (“Amo a Dios”) que incluye la obediencia; la Comunidad o la iglesia (“Nosotros nos amamos unos a otros”); y los Ministerios (que abarca la evangelización: “Dios también te ama a ti”).

Se han producido ataques contra estas lecciones, como el que se encuentra en el sitio de Internet, de Larry Kirkpatrick y su “greatcontroversy.org”. En mi iglesia local, los aspectos más controvertidos de la GraceLink son las obras de arte, que algunos consideran como si fueran “dibujitos animados”, y el abandono de la cronología (Génesis – Ester – Lucas – Hechos - Apocalipsis) como principio organizador. Ha habido alternativas independientes, incluyendo ,¡Mi Biblia primero!, promovido como un recurso para aquellos que quieren tener el culto familiar con sus hijos. Pero GraceLink hace un esfuerzo enorme para hacer frente a un sub-producto no intencionado de la enseñanza religiosa ASD: la conexión que algunos niños han hecho entre nuestra fe religiosa y ciertos sentimientos negativos. Cuando estos niños crecen y tienen que elegir, puede resultarles más fácil rechazar un sistema religioso que asocian con la culpabilidad, el miedo y la ansiedad. ¿Quizá sería mejor que nuestros hijos asociaran el mensaje de su iglesia con el amor? Vale la pena probar.

La ansiedad de la mayordomía

Leyendo sobre mayordomía la semana pasada, sin embargo, tengo la impresión de que el plan de estudios de la Escuela Sabática de adultos, en contraste con la de los niños, parece no haber sido objeto de una importante revisión filosófica en las últimos dos décadas y media (o al menos no una discernible en la lección de esta semana). Agradezco el énfasis en el equilibrio en la sección del martes, pero en gran medida, la lectura de la lección ha despertado la culpa y la ansiedad que, para mí, acompañan a la presión de “hacerlo bien” en el uso de mis talentos, tiempo, cuerpo, y recursos materiales. Así que para mi comentario de esta semana, me gustaría aceptar el reto de la primera pregunta de discusión que el autor plantea el viernes: “¿Cómo vamos a entender toda la cuestión de la mayordomía y la rendición de cuentas a Dios en el contexto de la salvación por la fe sola?...E incluso si cometemos errores [en nuestra mayordomía], ¿por qué no caer en la desesperación?”

En primer lugar, un poco de desesperación: es verdad que los seres humanos no hemos sido especialmente buenos administradores o mayordomos. Todos hemos desperdiciado “nuestro” tiempo, abusado de “nuestro” cuerpo, malgastado “nuestro” dinero, y abandonado o explotado mal “nuestros” talentos. Y el aguijón de la mayordomía es la amenaza implícita de que, si perdemos el tiempo, despilfarramos dinero, abusamos de nuestros cuerpos, o enterramos nuestros talentos, esas cosas se pierden.

Nunca será otra vez agosto de 1999 (y yo nunca voy a ponerme al día con el sueño que perdí en el Camporí de Oshkosh). Los niños son pequeños por un tiempo tan breve (y no pasamos suficiente tiempo con los nuestros). No hay un departamento de “perdido y encontrado” de la virginidad. Y así sucesivamente.

Mayordomía: la parte más aliviada

Demos un breve paseo en la otra dirección. Usted es un mayordomo. Usted no es el propietario, no es el jefe, no es la persona a cargo. Sin presión: lo que Usted no haga bien, Dios lo puede corregir.

Sí, la actividad sexual ilícita, el abuso de sustancias, la mala alimentación, el aborto, y morderse las uñas, se ajustan al paradigma de violaciones de la mayordomía. Sí, nuestros cuerpos no nos pertenecen. Dios los hizo y Jesús los compró con el precio de su propia vida. Dios nos delega su cuidado y administración, no son nuestra propiedad, pero no siempre hemos hecho bien con la confianza que Dios ha depositado en nosotros.

Pero el evangelio (la buena noticia) es que nada se pierde, o al menos no todavía, en lo que nos concierne. Sí, Dios requiere una décima parte de nuestros ingresos como reconocimiento de que todo lo que tenemos es suyo. Él tiene derecho a exigir una contabilidad, o, de hecho, toda nuestra cartera, en cualquier momento. (Después de todo, sólo somos mayordomos). Jesús exigió esto del joven rico y también de sus discípulos. Pero, por otro lado, no importa qué tan fielmente paguemos nuestro diezmo, no podemos sobornarlo ni comprarlo. “El cielo es mi trono, y la tierra es el escabel de mi pies” (Isaías 66:1). “Cada bestia del bosque es mía, y el ganado en las mil colinas.... Si yo tuviera hambre [con la clara implicación de que él no tiene], no te lo diría” (Salmo 50:10, 12). En última instancia, Dios se interesa en nosotros mismos, no en el dinero o el ganado (ni siquiera en nuestro libro de registro de nuestra gestión de mayordomía).

Él es Dios, y nosotros sólo somos mayordomos o administradores. Para algunos de nosotros, lo que da a la metáfora su rasgo de ansiedad, no es el temor de que vamos a ser despedidos (de hecho, a algunos de nosotros eso nos resultaría como un alivio), sino el sentido de que somos capaces de dilapidar más de lo que nunca podría recuperarse. Pero vale la pena recordar que si somos agricultores ineficaces o con mala suerte, Dios es perfectamente capaz de compensar por los años que la langosta se haya comido (Joel 2:25).

Si nuestra mala administración puso fin a un embarazo inoportuno, es motivo para arrepentirse; pero somos adventistas. Los fetos adventistas no van al infierno; nuestra profetisa prevé la feliz perspectiva de los ángeles entregando diminutos bebés resucitados a madres gozosas.

Para volver una vez más a la educación religiosa Adventista. . .

Jeremías 13:20 cita a Dios preguntando a los sacerdotes, “¿Dónde está el rebaño que te fue dado, tu hermoso rebaño?” (VR), lo cual agita la culpabilidad de los padres de hijos adultos que anteriormente fueron adventistas. Pero la pregunta retórica de Dios (“¿Dónde estás tú?”, hecha a Adán y Eva en el jardín) no es que el rebaño ha desaparecido y Dios no puede encontrar su corderos. También Dios dice: “Yo mismo me encargaré de la búsqueda de mis ovejas y de cuidar de ellas. Como un pastor que cuida de sus ovejas cuando están dispersas, así me ocuparé de mis ovejas y las rescataré de todos los lugares en que se hayan dispersado en un día de nubarrones y oscuridad” (Ezequiel 34:11–12 NVI). Dios no permitirá que las ovejas extraviadas por nuestro descuidado pastoreo se pierdan para siempre. Sólo somos mayordomos.

Hay un límite para los daños que Dios permite hacer a los mayordomos. Si a él no le gusta nuestro desempeño, nos puede despedir. Podemos perder lo propio que él nos ha delegado—podemos perdernos nosotros mismos—pero la buena noticia es que no podemos (permanentemente) perder gran parte de cualquier otra cosa. (Y tampoco él está contento de perder a malos mayordomos).

Margaret Christian es profesora asociada de Inglés en la Escuela Penn State Lehigh Valley, de Fogelsville, Pennsylvania.


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