Conviene obrar entre tanto que el día dura


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Según Juan relata tres curaciones milagrosas, la del hijo del oficial del imperio romano (4: 46 – 54), la del enfermo en el estanque de Bethesda (5: 1 – 16) y la del ciego de nacimiento (9: 1 – 14). En dos de estos relatos, después de darse los pormenores del milagro, se informa que la curación tuvo lugar en sábado. Siendo que Jesús instruyó al enfermo a llevar su cama a su casa en sábado o él mismo hizo lodo mezclando polvo y esputo en sábado, las curaciones habían incluido acciones prohibidas por la interpretación rabínica del cuarto mandamiento. Cuando después del exilio babilónico comenzaron a organizarse las sinagogas, los rabinos buscaron la manera de especificar qué es una obra, o trabajo. Su búsqueda los llevó a las instrucciones dadas por Dios para la construcción del santuario (Ex. 35: 4 – 39: 43) donde se especifican treinta y nueve trabajos que debían ser hechos para completar el proyecto. Los rabinos entonces decidieron que esta lista de trabajos daba la definición de lo que no se puede hacer en sábado. Tanto llevar cargas como hacer mezclas están en la lista.

Ambas curaciones en sábado desenlazan argumentos para defender la autoridad de Jesús para establecer lo que se puede o no se puede hacer en sábado. Tales preguntas surgían a menudo entre los judíos y seguramente que también preocupaban a los cristianos, puesto que todos ellos, en el comienzo, eran judíos y ni siquiera se les ocurría que podían dejar de serlo. En el primer siglo de nuestra era, el sábado era uno de los signos de identidad más importantes entre los judíos, y su observancia era una de las pocas cosas que todos los gentiles sabían acerca de ellos En otras palabras, para los primeros cristianos la pregunta no era si ahora que eran discípulos de Cristo debían continuar observando el sábado; eso estaba sobrentendido. La pregunta era, “¿qué es lo que no se puede hacer en sábado?” La lista de los treinta y nueve trabajos no incluía a muchas cosas que eran parte del diario vivir en la vida urbana de la época helenística, pero que no lo habían sido en la vida rural de siglos anteriores. La diferencia entre los judíos en general y los que proclamaban la resurrección de Cristo era que los judíos contestaban tales preguntas citando un pasaje de las Escrituras. Los cristianos, además de citar las Escrituras, también apelaban a la conducta sabática de Jesús.

Siendo que la curación del enfermo en el estanque de Bethesda tiene dos justificaciones, las hemos de considerar por separado. Seguramente que Jn. 7: 19 – 23 hace referencia a la curación de este enfermo. En estos versículos encontramos un argumento a fortiori, de menor a mayor. Si se admite que este caso requiere la aplicación de esta regla, cuánto más se debe admitir que este otro caso requiere la aplicación de esta otra regla. Esto funciona si el sentido común, o una declaración oficial, considera que este otro caso es más importante que el primero.

En el caso del enfermo en el estanque, el argumento se basa en que los judíos han decidido cómo resolver el caso de la circuncisión de un niño cuando el octavo día de su nacimiento cae en sábado. Llevar a cabo la circuncisión requiere hacer cosas incluidas en la lista de las treinta y nueve actividades prohibidas en sábado. Esto creaba un verdadero dilema. ¿Qué hacer cuando obedecer una ley de las Escrituras requiere quebrantar otra ley de las Escrituras? En este caso los judíos habían determinado que la ley de la circuncisión tiene prioridad sobre la ley del sábado. La circuncisión es la marca del verdadero judío. El sábado, según la opinión rabínica, debe ser observado sólo por judíos. Gentiles que lo observan son como si fueran adúlteros que se meten en casa ajena para gozar de la esposa del judío. (Los rabinos también hablan del sábado como su esposa.) Es por lo tanto primordial marcar al judío para que pueda guardar el sábado legítimamente.

Si bien la circuncisión era la marca de los miembros del pueblo elegido de Dios, con el tiempo también vino a ser considerada como algo que perfeccionaba, que le añadía cualidades, al cuerpo varonil. Esta es la base del argumento de 7:19 – 23. Si Uds. consideran lícito perfeccionar a un miembro del cuerpo en sábado, cuánto más debieran considerar lícito darle salud a todo el cuerpo en sábado. El sentido común nos dice que todo el cuerpo es más importante que uno de sus miembros.

Este tipo de argumentación también la encontramos, por ejemplo, en la defensa de los discípulos que cosechan trigo para comer en sábado (Mc. 2: 23 – 28). Si Uds. consideran lícito que David y sus hombres comieran los panes de la preposición, cuánto más debieran considerar lícito que mis discípulos coman trigo cosechado en sábado, puesto que mi presencia con mis discípulos es superior a la presencia de David con sus hombres. Es de notar que este argumento funciona sólo con quienes admiten la superioridad de Cristo sobre David. Esto nos dice que los cristianos tenían desacuerdos entre ellos acerca de lo que es lícito hacer en sábado, y que apelaban a la conducta de Jesús para resolverlos. Esto también nos deja ver que los primeros cristianos estaban bien educados en la cultura griega. Ellos podían desarrollar argumentos lógicos como la manera más efectiva de llegar a conclusiones sabias. La cultura hebrea tradicional representada en la literatura sapiencial usaba paralelismos basados en la libre asociación de ideas para expandir el horizonte intelectual.

La curación del enfermo en el estanque de Bethesda es también justificada en el versículo 17 del capítulo 5: “Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro”. Esta justificación de la conducta de Jesús en sábado se basa en la respuesta a una pregunta que preocupaba mucho a los judíos. “¿Guarda Dios sus propias leyes?” Específicamente, “¿Guarda Dios el sábado?” Tal pregunta no surge en nuestros días porque nosotros entendemos que la naturaleza funciona por su cuenta de acuerdo con las llamadas “leyes naturales”. Esta manera de entender a la naturaleza, sin embargo, es relativamente reciente. Cuando Isaac Newton propuso que la tierra y los astros en el espacio siguen sus respectivas órbitas controlados por la ley de la gravedad, muchos cristianos consideraron que estaba negando la existencia de Dios. Hasta entonces todos aceptaban que Dios es el que tiene en sus manos el movimiento de los astros en el espacio. La salida y la puesta del sol ocurren porque Dios hace que el sol salga al amanecer y se ponga al atardecer. Si Dios guarda el sábado, dejando de trabajar y descansando, el sol no saldría y muchas otras cosas no ocurrirían. Siendo que todos los sábados el sol sale y la naturaleza sigue funcionando normalmente sólo cabe pensar que Dios trabaja en sábado.

En los escritos de los rabinos y de Filón de Alejandría se ofrecen diferentes explicaciones del hecho que Dios trabaja en sábado. Por ejemplo, se aduce que durante los otros días Dios se ocupa de cosas en el mundo material, pero los sábados Dios está ocupado en actividades intelectuales y espirituales. Filón, entre otras cosas, explica que, en realidad, Dios permanece en completo descanso mientras lleva a cabo todas sus obras.

Cuando Jesús dice “Mi Padre hasta ahora obra”, está diciendo que Dios obra continuamente, incluso los sábados. No es el caso que Dios obró en un pasado lejano para llevar a cabo la creación y desde entonces está ocioso. No, Dios obra todos los días. Los judíos que oyeron esta afirmación estaban completamente de acuerdo con él. Jesús, sin embargo, añadió, “y yo obro” todos los días también. Aquí no tenemos un argumento a fortiori, de menor a mayor. Aquí tenemos un argumento ontológico, apela a lo que Jesús en realidad es. Jesús reclama tener en sí mismo la prerrogativa divina de trabajar en sábado. Los judíos captan el argumento al vuelo. El narrador nos informa: “Entonces, por tanto, más procuraban los Judíos matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también a su Padre llamaba Dios, haciéndose igual a Dios” (5: 18). Tal afirmación era un desafío directo a la única doctrina fundamental de los judíos después del exilio babilónico: Dios es Uno.

Estas pocas palabras para justificar la curación del enfermo del estanque le dan un giro al relato y proveen la oportunidad para elaborar las actividades sabáticas del Hijo. En los versículos 19 – 30 la obra que el Hijo lleva a cabo a diario, inclusive en sábado, es la de hacer juicio y dar vida. Estas son también prerrogativas exclusivas de Dios. O sea, no sólo es el Hijo igual a Dios, su Padre, sino que también él puede hacer lo que sólo el Padre tiene el derecho y el poder de hacer. Jesús había curado al enfermo y le había ordenado llevar su lecho a casa. Le había dado vida al enfermo y había juzgado a los que ignorantemente lo juzgaban.

La declaración “Mi Padre hasta ahora obra” nos deja algo desconcertados por su referencia temporal. ¿Hasta cuándo dura ese “hasta ahora”? Esta pregunta ha ocupado a muchos eruditos. ¿Acaso Dios dejó de obrar cuando Jesús murió en la cruz? ¿Acaso no es la actividad del Consolador, el Espíritu de Verdad, la continuación de la obra del Hijo, que también se lleva a cabo todos los días? O ¿No es que la obra del Hijo en sábado es ahora llevada a cabo por sus discípulos? Todas estas preguntas se concentran en una: “¿Cuál es el significado escatológico de ‘hasta ahora’?”

Sin duda la frase tiene un referente temporal, pero no nos dice cuando es “ahora”. Lo único que podemos asumir es que en el “ahora” la obra del Hijo queda sincronizada a la obra del Padre, y, como el discurso que sigue en los versículos 19 – 47 demuestra, el “ahora” es un momento crítico en el que la presencia del Hijo en la tierra hace que los seres humanos tengan que hacer una decisión en cuanto a él. Esa decisión hace la diferencia entre la vida y la muerte. Todo el evangelio Según Juan, como observamos en una columna anterior, considera la presencia del dador de vida eterna “ahora” como el cumplimiento de todo lo que “escribió Moisés en la ley, y los profetas” (1: 45). El “ahora” de Dios constituye el momento escatológico de la humanidad. Es cuando lo que es verdaderamente importante se impone y requiere una decisión.

La justificación del enfermo del estanque está ligada a las palabras de Jesús antes de curar al ciego de nacimiento: “Conviene obrar las obras del que me envió entre tanto que el día dura; la noche viene cuando nadie puede obrar” (9: 4). Es durante el día, “ahora”, que hay que obrar las obras que el Padre desea que se hagan. O sea, el sábado no es como la noche, cuando nadie puede obrar, sino que es como el día, cuando la obra de hacer juicio y dar vida debe ser realizada. Mientras el Hijo está en la tierra es de día; es sábado. El es la Luz del Mundo (9: 15), y los hijos de la luz (12: 36), los que han sido engendrados por Dios (1: 13), obran también “ahora”, en sábado.

Según Juan tiene un concepto del tiempo bien elaborado. En columnas anteriores vimos cómo incidentes en la vida de Jesús están enmarcados en fiestas judías que proveen el contexto para su interpretación. También notamos las connotaciones teológicas de “el tercer día” y “la hora”, especialmente cuando se trata de “la hora que ahora es”. Además, mientras que Jesús y sus discípulos son seres del día, Judas (13: 30) y Nicodemo (3: 2; 7:50; 19: 39) son criaturas de la noche. La revelación de Jesús en gloria como el Salvador del Mundo tiene lugar al mediodía, cuando el sol está en su zenit (4: 6; 19: 14). (En esto Según Juan contradice a las expectativas apocalípticas que se concentra a medianoche. El Señor viene cuando menos se lo espera, como un ladrón en la noche. En los evangelios sinópticos Jesús muere a las tres de la tarde, la hora nona [Mc. 15: 34], no al mediodía.)

No es una coincidencia que la tercera curación narrada en Según Juan también hace referencia a un tiempo específico. Aunque Jesús no estaba en la presencia del niño en peligro de muerte, en el momento en que Jesús, estando en Caná de Galilea, le dijo al oficial, “Tu hijo vivirá”, en ese mismo momento el niño en Capernaún dejó de tener fiebre. Esto tuvo lugar en la hora séptima, la del número perfecto (4: 52). Pero lo importante es que las palabras de Jesús al oficial del imperio romano tuvieron cumplimiento “ahora”. O sea, el Jesús ausente también trae la salud a los gentiles “ahora”. La presencia de Jesús entre los seres humanos “ahora” es el momento clave para la humanidad. Cuando Dios habita entre los seres humanos y trae consigo y provee vida eterna, el día del Señor ha llegado en todo su esplendor. El sábado está teniendo su más completa realización.

Tanto algunos judíos como algunos cristianos concibieron a la vida con Dios temporalmente como un perpetuo sábado. Según Juan se destaca por enfatizar que Dios trabaja “hasta ahora”,”entre tanto el día dura”. Ahora es que los cristianos poseedores de vida eterna (3: 15, 16, 36; 5: 24; 6: 40, 47, 54; 20: 31) deben obrar aún mayores obras a las realizadas por el Hijo (14: 12). Lo que el Hijo hace, los cristianos también hacen. Como el Padre y el Hijo ellos obran en sábado. En otras palabras, ellos viven en un perpetuo sábado. Ellos gozan del descanso sabático mientras realizan las obras de Dios cada día de sus vidas. El Cristo glorificado estableció el sábado escatológico, y ellos “ahora” se gozan en él.

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