De las quejas a la apostasía


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Una de mis citas favoritas de Elena G. de White está grabada a la entrada de las oficinas del Patrimonio de Elena G. de White [White Estate], en Silver Spring, Maryland. Dice: “No tenemos nada que temer por el futuro, salvo que hayamos olvidado la manera en que el Señor nos ha guiado en el pasado, y sus enseñanzas a través de nuestra historia pasada” (Elena G. de White, Notas Biográficas, 196). Cada vez que paso por ese corredor de la escalera, me acuerdo del importante papel que juega la historia, tanto en nuestra propia persona como en nuestra identidad corporativa.

La primera persona que hizo comparaciones explícitas entre la historia del éxodo en el desierto y la historia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, y, en particular, de Elena G. de White, fue Taylor G. Bunch. Su obra Éxodo en el tipo y anticipo (1929) fue digna de atención, en particular, porque planteó que el motivo del retraso del ésjaton es el mismo que el de la demora de Israel para entrar en la tierra prometida: se quejaron y apostataron. Bunch comparó el famoso episodio en Cades-Barnea con la reunión de la Asociación General en Minneapolis [en 1888].

Aunque la historiografía del adventismo ha tenido muchas idas y venidas en los años intermedios, la historia bíblica de Moisés, y su aplicación a nuestra propia historia, es importante para los Adventistas del Séptimo Día de hoy. Mientras escribo esto, estoy en medio de una importante conferencia sobre Elena G. de White, en Portland, Maine (www.EllenWhiteProject.com), donde ha circulado una gran variedad de ponencias y documentos. Lo que hace que esta conferencia sea diferente a cualquier otro evento al que he asistido, es que al menos la mitad de los expositores y respondientes no son de nuestra tradición de fe. Lo que me sorprende más de algunos de los comentarios, es que me parece que muchos adventistas no se sienten seguros frente a la afirmación de nuestra iglesia de tener una profetisa. Varios de los “forasteros” me han ayudado a ver más claramente que debemos estar agradecidos por la voz profética que existe en nuestra iglesia.

Durante su vida, Elena de White enfrentó una cantidad significativa de oposición, y, a veces, incluso hubo una rebelión generalizada. Tal vez el mejor ejemplo de esto durante toda su vida fue el “partido Marion” de Iowa. Durante la década de 1860 surgió este grupo cismático, que fue encabezado por dos ex ministros adventistas, B. F. Snook y William H. Brinkerhoff, quienes dudaban del don profético. Otros, que habían dudado anteriormente, se unieron a sus filas. Juntos, fueron los precursores de la actual Iglesia de Dios (del Séptimo Día) con oficinas administrativas en Denver, Colorado.

El punto focal de la “rebelión”, fue la Asamblea Constituyente de Iowa de 1865. Snook vino con sus armas cargadas, en sentido figurado, listo para atacar a Jaime y Elena White. Durante la reunión, los White se reunieron con estos hombres, respondieron a sus objeciones, y posteriormente se publicaron confesiones en la Review and Herald (véase RH, 26 de julio de 1865, 62-63). Esto pareció mitigar la crisis, pero sólo temporalmente. Más tarde ese mismo año sus dudas volvieron y trabajaron activamente para socavar las posiciones tradicionales adventistas sobre la escatología, y, en particular, el ministerio profético de Elena de White.

El siguiente verano, durante el período de sesiones de la Asociación General, se recomendó a la Asociación de Iowa que sus nombres fueran borrados, y los dos ex ministros desglosados de la lista de iglesia publicaron el primer libro que ataca abiertamente el ministerio profético de Elena G. de White: Las visiones de Elena G. de White, no son de Dios (Cedar Rapids, IA: Cedar Valley Times, 1866). Dos años más tarde Urías Smith, editor de la Review and Herald, publicó una respuesta: Las visiones de la Sra. E. G. de White, una manifestación de dones espirituales de acuerdo a las Escrituras, iniciando así el amplio repertorio de la literatura apologética en defensa del ministerio de Elena G. de White. Snook y Brinkerhoff pronto desaparecieron de la vista pública, pero el debate entre la fe y la duda aún permanece.

Ya sea en la historia bíblica de Moisés, o en el ministerio profético de Elena G. de White, el hecho es que hay veces en que se produce el desencanto. Me gusta la manera en que Elena G. de White manejó la crisis producida por el “partido Marion”: ella y Jaime White escucharon, respondieron a sus objeciones, y como resultado publicaron una confesión de sus errores. Pero cuando los opositores no fueron re-elegidos en puestos de responsabilidad, se amargaron. Elena G. de White hizo la paz con ellos y los dejó partir.

La historia de Moisés es también la historia adventista. El estudio de la lección de esta semana es una oportunidad para descubrir nuevamente nuestro pasado adventista.


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