Diario de un médico adventista español en Haití - 9 y final


(system) #1

19.2.10

Ya son casi tres semanas por aquí y ya empezamos a tener un poco de perspectiva de la situación en Puerto Príncipe. La situación socio-política es muy complicada. El país está destruido y además ya era un país paupérrimo y miserable antes del terremoto.

Los voluntarios de las ONGs hacemos lo que podemos y quizás de forma más coordinada que en un principio, pero aún con todo, las necesidades son tantas y tan diversas que hay muchos cabos sueltos. Por ejemplo, los campos de refugiados, la situación de la vivienda, los huérfanos, la distribución de alimentos, la reconstrucción de las viviendas, el acceso a lugares difíciles y lejos de la capital, las enfermedades emergentes, la vacunación de los niños, la desnutrición, la escolarización, etc.

De cuando en cuando, las gentes no aguantan más su frustración y explotan tal como haríamos nosotros. Hoy han habido disparos en la capital. Alrededor del almacén de ADRA también había hoy y otros días una turba de gentes hambrientas que con su mirada seria te preguntan ¿Tu que estas haciendo aquí, por mi, hombre blanco? Otras veces al pasar con el vehículo entre ellos, también han golpeado nuestro coche…, es normal. ¡Están desesperados de hambre y de todo, sin esperanza en el futuro! Es probable que pasados unos meses, los voluntarios y el mundo entero nos iremos relajando y entonces, esto puede explotar, hasta llegar a la sangre…

Nuestro trabajo es como llevar granos de arena de una playa a otra…, a veces podemos hacer algo que realmente ha hecho impacto en la vida de una persona, pero la mayoría acuden a nosotros para drenar sus sufrimientos intensos y contenidos desde hace años.

Mis dos ahijadas, Vanessa y Germanie ya sonríen de saber que pueden llamar a alguien papi. Procuro no pensar que dentro de siete días volverán a estar como antes, solas y sin nadie que les regale una cremita para su áspera piel o una pastilla de jabón para que puedan asearse un poco o una ración de comida , que cada día saco del comedor de los voluntarios, diciendo que es para mí. Estoy intentando que una profesora local supervise un poco su incierto futuro, a la vez que les doy algún abracito cuando la intimidad nos lo permite, ajenos a los ojos de otras personas que podrían interpretar esto de forma equivocada y perjudicar a estas criaturas inocentes. Hoy ha venido a la consulta el esposo de la paciente que os comenté otro día que había perdido su hija, Rose Maríe, de ocho añitos. Solo ha venido a darnos las gracias por como habíamos tratado a su esposa. Lo único que hicimos fue abrazarla, mientras llorábamos juntos, y decirle que estábamos allí en nombre de las buenas gentes de España, que nos habíais enviado para que les acompañásemos en su sufrimiento y para hacerles saber que estamos con ellos en estos momentos difíciles.

Nuestros ojos ya han visto muchos sufrimientos en muchos lugares de este planeta, pero creo que la destrucción que hemos visto en Haití, será difícil de superar. Lejos de acostumbrarnos a ellos, cada día nos preocupa más el futuro incierto de estas gentes y de estos niños y niñas inocentes, que no tienen una mamá ni un papá que les consuele en su desesperación. Por favor, no dejéis de rezar y de hacer cada día lo que esté en vuestras manos para aliviar su sufrimiento.

23.2.2010

Ya hace casi un mes que llegamos a Haití, conscientes de los muchos desafíos con que nos encontraríamos allí. Con la información de que disponíamos, nos preparamos del mejor modo que pensamos y creímos. Cuando llegamos aquí nos dimos cuenta que todas nuestras expectativas se veían superadas por la destrucción masiva de un país.

Es difícil expresar con palabras lo que solo puede entenderse paseando entre el polvo, los escombros, la suciedad y el olor a cadáver en descomposición que todos trataban de disimular con improvisadas mascarillas.

Alguien escribió que la destrucción era similar a cincuenta bombas atómicas como las de Hiroshima, y creo que probablemente esté en lo cierto. Algunas calles recuerdan el aspecto de aquella ciudad que todos hemos visto alguna vez en algún reportaje.

Quizás la imagen que más me ha impactado fue la destrucción del centro de Haití, y en especial, la visita de la antigua escuela de enfermería, donde aún ahora reposan los restos de más de cuatrocientos ángeles encarnados en muchachas que soñaban con poder ayudar en un próximo futuro a su país a salir de la miseria.

A las gentes de Haití, que hace muchos años ya estaban acostumbradas al sufrimiento y a la miseria, la naturaleza les ha jugado una mala pasada, y ahora aún están peor que antes y además aterrorizados de que la tierra vuelva a rugir como anda haciendo en estos últimos días. Tienen tal terror de lo que han vivido que la mayoría prefieren dormir a la intemperie que ponerse bajo un techo.

Cuando oscurece, todos se dirigen con sus cartones y plásticos hacia el centro de plazas, antiguos parques o aparcamientos de lugares públicos o privados, por temor a que ocurra un nuevo seísmo como el anterior.

Desde el punto de vista médico me ha impactado el visitar a un muchacho diabético que vino andando con una glucemia de 650 mg/ cm3, cuando lo normal es menos de 100. No sabe lo que es un análisis de sangre, ni usaba insulina desde hace meses. Tampoco tiene jeringuillas ni agujas para pincharse en caso de que pudiese disponer de insulina. Ahora ya está en cifras de 350. Me pregunto que pasará cuando nosotros nos marchemos. Me ha impresionado ver las miradas tristes de madres o padres que perdieron sus hijitos, algunos de ellos, incluso, el cuerpo de sus hijos les protegió de ser aplastados ellos mismos por los bloques de hormigón que cayeron sobre ellos… ¡Que horror!!!

Algunos pacientes han venido a la consulta con fiebre de 40 ªC, de una semana de evolución, afectos de fiebre tifoidea. Otros con cifras tensionales de 220/120. ¿Quién cuidará de ellos en el futuro?? Estamos contentos de saber que ADRA España piensa seguir apostando por apoyar a estas gentes, contratando médicos y personal sanitario local.

Cuántos niños y niñas no tienen a nadie que les cuide y les abrace. Aún tiemblo cuando me acuerdo de Vanessa que me pidió por favor si podía llamarme “papi” y que sigue haciéndolo a pesar que sabe muy bien que su papi pronto se marchara y volverá a estar completamente sola en este mundo hostil. Me incomoda grandemente cuando paso por algún lugar y me encuentro con la mirada perdida de alguna persona que sentada en el suelo, con sus ojos me dice ¿Qué vas a hacer por mi?, mientras a veces se pone su mano sobre su vientre, diciendo…, en silencio…, tengo hambre hombre blanco.

Cada vez que el cielo se pone gris y comienzan los temores de una posible lluvia, por otro lado tan necesaria, todos sufrimos de pensar cómo van a hacer los miles de personas que se tapan con unos plásticos que a veces no son siquiera impermeables.

Después de todos estos relatos, comprenderéis el sabor agridulce de nuestra próxima partida, que lejos de ser un punto y aparte, supongo, será una pesadilla que nos perseguirá durante muchos tiempos.

Me pregunto si realmente hemos venido a ayudar a estas personas que sufren, o quizás hemos terminado siendo ayudadas por ellos, y por sus circunstancias, para replantearnos nuestra escala de valores, a apreciar mucho más lo que tenemos y a aprender a compartir lo mucho que la vida nos ha dado hasta ahora, y que no siempre hemos sido capaces de apreciar oportunamente.

A pesar de todo ello, mentiría si no os dijese que todos nosotros nos sentimos satisfechos de haber estado aquí. Nos sentimos contentos de haber aportado nuestro granito de arena. Esperamos que el mundo rico, este 20% de la población del mundo que malgastamos el 80% de los recursos, no nos olvidemos demasiado rápido de estas pobres gentes y que todos sigamos apoyando como mejor podamos.

La cadena solidaria debe seguir. Todos somos importantes. Lo es el voluntario, lo es el socio de las ONGs, lo es el cooperante, lo es su familia y amigos, lo es el donante, el logista, el cocinero, el estado, la administración del hospital que autoriza a un cooperante, la Unión Europea, todos somos importantes ¡Por favor, no os olvidéis, mejor dicho, no nos olvidemos de Haití y sus pobres gentes! En este último DIARIO DE UN VOLUNTARIO DE ADRA EN HAITI querría agradecer de un modo especial a Dios por su cuidado y protección, a la ONG ADRA España por su confianza y apoyo, y a todos y cada uno de vosotros por habernos dado ánimo, soporte y en especial por darnos el privilegio de haberos representado aquí. Estoy contento también de haber intentado representar parcialmente a Jesús, quizás siendo sus manos, su voz, sus abrazos, su mirada, sus lágrimas y quizás representando un poco de su amor hacia el ser humano.

Una abraçada i fins aviat!


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