Dostoievski influyó en la teología de Karl Barth


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En la Rusia zarista y decimonónica nació, vivió, escribió y murió Fiodor Mijáilovich Dostoyevski. A poco más de una década de conmemorar el bicentenario de su nacimiento, la obra de Dostoyevski sigue vigente. No ya como una representante más de los grandes clásicos de la literatura que en su momento supieron captar el espíritu de la época y aportar su grano de lucidez al momento histórico en que fueron concebidas, y de rebote a la existencia humana, sino porque los escritos de Dostoyevski contienen claves estéticas, filosóficas y teológicas todavía vigentes.

El escritor ruso cosechó grandes éxitos en vida gracias a sus retratos del alma en forma de novela. Los elogios de grandes pensadores y escritores tampoco son escasos. Hasta Friederich Nietzsche, filósofo y escritor que abogó por ideas contra las que Dostoyevski se empeñó en advertir, calificó al novelista decimonónico como el único psicólogo del que se puede aprender algo. En este sentido, se podría decir que Dostoyevski dibujó el rostro del alma existencialista que describió Kierkegaard.

El existencialismo fue una de las principales fuentes de las que bebió Dostoyevski. Un existencialismo, no obstante, que tiene mucho de cristianismo protestante en el caso de Kierkegaard y que Dostoyevski, como cristiano ortodoxo, supo apreciar y reflejar en su obra. No solo en las críticas que hace el ruso a la Iglesia Católica, sino en el tratado moral y psicológico que hace acerca del ser humano.

Dostoyevski, desde un existencialismo cristiano, se enfrentó al capitalismo y al comunismo, dos ideologías que pudo conocer bien gracias a sus viajes y largas estancias en Europa. Finalmente, el otro gran tema que aparece en sus escritos es la Rusia zarista. En un ataque de nacionalismo con tintes mesiánicos, Dostoyevski vio en su país natal la solución a un mundo que se dirigía a la catástrofe del s.XX. En una de sus obras, Los endemoniados, leemos que “Rusia es el único país que teme a Dios y está destinado a salvar el mundo en nombre de Dios”.

Ironías de la vida y de la historia, Rusia fue el primer país que oficialmente aceptó el comunismo y renegó de la religión. No obstante, la vida y la historia han vuelto a ser irónicas. Con el tiempo, Rusia lo volvió a reclamar como hijo suyo después de haberlo tachado durante décadas como falso profeta. Este falso profeta denunció el materialismo histórico, el socialismo utópico y el capitalismo tal y como lo vio: la explotación de los pobres por parte de los ricos y la miseria que la avaricia humana crea en el mundo. Aún así, como buen profeta, Dostoyevski centró sus esfuerzos y preocupaciones en los problemas espirituales del hombre y la mujer, en sus tentaciones, en su desarrollo moral y en lo más importante: en su redención.

Las novelas de Dostoyevski, además de acompañar una tarde de lluvia, bien pueden tomarse como disertaciones sobre valores morales y éticos. El arte de sus obras encuentra su mayor musa en la convicción moral de que el ser humano debe, desde la humildad y el libre albedrío, entregarse a Dios. El hombre, nacido pecador, sufrirá a causa de sus pecados y es ese sufrimiento el que lo llevará a la redención o purificación moral. El sufrimiento entendido, no como en la Iglesia Católica, como un medio para pagar una falta, sino como algo intrínseco a la vida que sirve de medio para despertar el amor de Dios en el hombre. No porque Dios así lo quiera, sino porque el hombre, en su intento de ser un super-hombre, se hace dios (y aquí recordamos las palabras introductorias sobre Nietzsche) y al hacerse dios el sufrimiento se apodera de él y de todo lo que toca. El sufrimiento ajeno, pues, lleva al amor y éste mitiga el primero.

Los hermanos Karamazov y Crimen y Castigo (aunque “Crimen y Redención” quizá sería más correcto) bastan, sino con solo la primera, para ver que el crimen, y especialmente el asesinato premeditado, justificado intelectualmente, con toda la razón del mundo, es el punto de partida de un camino lleno de sufrimiento que acaba cuando el hombre se reconoce un ser moral y decide entregarse a Dios.

En Crimen y Castigo, el asesinato cometido por el protagonista, Raskolnikov, puede tomarse como un símbolo de la caída del hombre, lo que en teología se ha querido llamar pecado original, y que para el autor ruso se puede redimir previo paso por el sufrimiento. El sufrimiento inevitable a toda existencia, muestra al hombre su cruda realidad, que no es otra que su humanidad dependiente de algo superior sin lo cual está condenado a la muerte. Es por tanto la humildad, el reconocerse pequeño, una de las principales virtudes para Dostoyevski ya que esta permite al ser humano entregarse libremente a Dios.

Pero todo esto está rodeado de más interrogantes que necesitan resolución en la obra del escritor ruso. ¿Hay lugar para la fe o ésta debe quedar subordinada enteramente, sino eliminada, al intelecto humano? ¿Existe realmente Dios tal y como se cuestiona el protagonista de Crimen y Castigo? ¿Qué pasa con el bien y el mal? Estas preguntas y otras que han atormentado desde siempre al ser humano se topan con Dostoyevski, un ser valiente pertrechado con nada más que su honestidad, y libran un combate sin tregua, a muerte. Personajes como Raskolnikov o Iván (Los hermanos Karamazov) se debaten entre la existencia o no de Dios. Un debate que aparece constantemente en la obra de Dotoyevski probablemente debido a su preocupación por el propósito de la vida del hombre y su destino.

Conocida y comentada es su influencia en el pensamiento y la literatura del s.XX. Quizá menos reconocido es el efecto revolucionario que tuvo en la teología de Karl Barth, el teólogo más importante del siglo pasado. En la obra capital de Barth, Romanos, hay más referencias al escritor ruso que a Calvino o Lutero. La mayoría de esas referencias están hechas en el contexto de la esperanza cristiana, de la escatología cristiana, de la existencia de Dios, de la fe y de la libertad. Dostoyevski es, pues, simple y llanamente, todavía hoy, lectura ineludible.


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