El genoma del neandertal desvelado


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Todo comenzó en los años 80 del pasado siglo XX. Con el desarrollo explosivo de las técnicas de ingeniería genética se propuso recuperar el material genético de un animal recientemente extinguido: el cuagga, una especie de cebra. A partir del material biológico de un espécimen disecado en el Museo Británico de Historia Natural se consiguió extraer ADN y secuenciarlo, es decir descifrar parte de los planos genéticos de este animal. Era el principio y ya se comenzaba a soñar con conseguir un Parque Jurásico.

Desde entonces, se ha extraído y secuenciado ADN de un buen número de especies de animales no ya recién extintas sino incluso fósiles. La lista incluye a mamuts, osos de las cavernas e incluso una variante humana, el neandertal.

Del neandertal ya se había extraído y analizado ADN de la mitocondria, un orgánulo celular con genoma propio, transmitido exclusivamente por vía materna. También se habían analizado algunos fragmentos de ADN del núcleo celular. Dando un paso más, se acaba de comunicar la secuenciación del genoma de los extintos neandertales, obtenido a partir de una exigua cantidad de hueso. Ha sido publicado en la revista Science, dependiente de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia y de momento, la secuenciación del ADN nuclear alcanza al 60% del genoma total, constituido por unos 5.000 millones de pares de nucleótidos, de los cuales se han conseguido recuperar 4.000 millones. Ni es absolutamente todo el genoma lo que se ha secuenciado, aunque sí que está secuenciado prácticamente todo lo que es genoma codificante de genes, ni su análisis ha concluido. Sin embargo, ya se conocen algunos datos realmente interesantes.

La ciencia sometió los neandertales a un proceso de redención durante el siglo XX que supuso sacarle de la animalidad en la que se le había sumido primeramente. Por el contrario, la memoria colectiva sigue anclada en aquella visión de principios de siglo, fundamentada en la reconstrucción realizada con el esqueleto del ‘Viejo de La Chapelle’. Seguramente no fue tan viejo pero sí que padeció una severa osteoartritis que no fue tomada en cuenta a la hora de reconstruir el esqueleto. De ahí que se presentase cargado de hombros y postura animal. Ya rehabilitado el neandertal de su animalidad, en los años 50 del siglo XX, el antropólogo Carleton Coon diría de él que bien peinado y aseado, además de vestido, pasaría totalmente desapercibido en el metro de Nueva York.

Pero ¿qué hace humano a un ser humano? De los neandertales se sabe que realizaban útiles de piedra realmente complejos y que enterraban a sus muertos muy posiblemente en una ceremonia ritual. Los animales no hacen nada de esto. Por el contrario, sus instrumentos son muy sencillos, cuando los utilizan, y tampoco premeditan su uso con el alcance propio de neandertales y humanos actuales. Tampoco poseen un pensamiento religioso, ni siquiera rudimentario.

Los neandertales son muy similares a nosotros desde el punto de vista anatómico, aunque debieron ser bastante más fuertes que nosotros e incluso su cerebro era en promedio más grande que el nuestro. Inicialmente, el prejuicio evolucionista intentó hacer encajar su visión del neandertal, que no sería más que un protohumano animal, en una escala evolutiva que no permitía que fuese poseedor de un cerebro mayor que el nuestro. Esto llevó incluso a manipular la información para que todo estuviese ‘evolutivamente’ en su sitio.

Cuando se asumió que los neandertales eran humanos surgió la cuestión de si hubo intercambio genético entre estos y los humanos actuales dado que fueron coetáneos. En Palestina se habían encontrado cuevas con restos de neandertales, cuevas con restos de humanos actuales y cuevas en las que parecían reconocerse mestizos anatómicos. La controversia estaba servida.

Ahora, la secuenciación del genoma nuclear de los neandertales aporta nuevos elementos al debate. Evidentemente, el genoma es casi igual entre neandertales y humanos actuales, pero se encuentran algunas diferencias y se ha podido constatar que ciertos elementos genéticos neandertales pasaron a formar parte del genoma de los humanos actuales. Esto quiere decir que un cierto mestizaje sí que se produjo, aunque no fue intenso. Se ha encontrado que el aporte neandertal supone entre un1% y un 4% y que la mayor similitud con los neandertales se encuentra en los humanos actuales euroasiáticos y no con los africanos. Posiblemente, el mestizaje se produjo sólo o mayormente con gentes de Próximo Oriente.

La sugerencia de que los neandertales pudieron quedar diluidos en el genoma de los humanos actuales no parece responder a lo que realmente sucedió, algo que desconocemos.

Por otra parte, considerar ambas etnias humanas como especies diferenciadas tampoco parece responder a la realidad, aunque dependerá del concepto de especie que elijamos. Hasta finales del siglo XX predominó considerar a los neandertales como subespecie y se denominaba Homo sapiens neandertalensis. Después se fue imponiendo el denominarlos como una especie diferenciada: Homo neandertalensis. Desde luego que el hecho de que hubiese una eficacia reproductiva entre ambos humanos los aproxima y sería conveniente considerarlos como etnias distintas, quizá incluso subespecies, pero separarlos en especies diferenciadas parece excesivo.

En definitiva, los resultados genéticos proveen de más argumentos a favor de la humanidad de estos fósiles. Otros restos supuestamente humanos o prehumanos son más difícilmente defendibles, pero los neandertales parecen pasar todos los requisitos. Fósiles similares a los de neandertal pudieron ser también humanos. Los denominados como Homo heidelbergensis, de los cuales se han encontrado restos de más de treinta individuos en Atapuerca (Burgos), también parece que enterraban a sus muertos y producían un instrumental lítico complejo. Por su parte, Homo rhodesiensis, africano, también es muy similar anatómicamente a los neandertales y a H. heidelbergensis. Si queremos hablar de auténticos humanos con ciertas garantías, fuera de este limitado conjunto de especies, los terrenos paleoantropológicos son más resbaladizos.

Bibliografía

Green, R.E. 2010. A Draft Sequence of the Neandertal Genome. Science 328:710-722.


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