El Salvador compasivo


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(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Se ha hablado mucho de los ministerios de compasión en la iglesia. De hecho, la Iglesia Adventista del Séptimo día tiene una larga historia de ministerios de compasión, casi desde el comienzo de nuestra denominación. La Sociedad de Dorcas, que ahora se conoce como Servicios Comunitarios Adventistas, ha sido un sello distintivo de la Iglesia Adventista, recogiendo y distribuyendo ropas y alimentos para los que están en necesidad urgente. El estereotipo de las señoras de edad con cabello plateado plegando ropas de ADRA no siempre es coherente con la realidad, pero tengo algunos de esos recuerdos exactos de mi infancia al haber crecido en la iglesia. De hecho, pasé más de una mañana, en los veranos, plegando ropa con algunas de esas fieles mujeres que fueron modelando su vida, conscientemente o no, siguiendo a una mujer llamada Dorcas, o Tabita.

En la era moderna, hemos cambiado el nombre por el de Servicios Comunitarios Adventistas. Recuerdo haber pensado que era un buen cambio cuando sucedió. Menos vergonzoso, más respetable. Después de todo, ¿quién sabía lo que la palabra “dorcas” significa? Ahora, con el paso de unos pocos años, me parece que “Servicios Comunitarios Adventistas” suena estéril, y que la “Sociedad de Dorcas” tiene una evocación narrativa y de comunidad para mí.

Pero independientemente de cómo la llamamos, la Iglesia Adventista ha tenido una noble y respetable historia de servicio a los necesitados y desatendidos, ya sea a través de nuestra labor médica, del trabajo de educación, socorro en casos de desastre, desarrollo económico, o apoyo a la comunidad local.

Dicho esto, hay tres aspectos del ministerio de Jesús que pueden seguir dando forma a nuestra labor en una dirección más positiva.

En primer lugar, los ministerios de compasión son el evangelio. Este simple ajuste puede hacer una tremenda diferencia en las comunidades locales de todo el mundo. Los ministerios de compasión no son una “cuña de entrada”. Por supuesto, la frase “cuña de entrada” tiene muchos problemas en sí misma. La palabra cuña implica que estamos “irrumpiendo” en la vida de las personas o dejando algo abierto para que podamos darles otra cosa. Pero sigue siendo cierto que no se puede engañar a la gente en la verdad, ni obligar a la libertad en Cristo. Meternos como “cuña” en la vida de las personas fingiendo ser amables con ellas no es compasión, es manipulación.

Además, la compasión no es un precursor de otra cosa. No es pre-evangelización, como he escuchado tantas veces. La compasión es la buena noticia de que los pobres están muriendo (en algunos casos literalmente) a una experiencia. Si usted está sin hogar y hambriento, una unidad de vivienda asequible y una comida caliente es una buena noticia. “Un apartamento no salva su alma”, podrían decir algunos. ¿Cómo pueden estar tan seguros? Eso depende de muchos factores, lo que me lleva a mi segundo punto.

En segundo lugar, Jesús centró su atención en las personas concretas. Jesús no estaba interesado en “compartir el evangelio con todo el mundo en esta generación”. Él estaba interesado en la mujer que llegó al pozo de Jacob. Pronto supo que era samaritana. Ella tenía necesidades muy profundas y un espíritu destruido. Jesús se interesó en Nicodemo, y en el joven rico gobernante, y en los cientos de otras personas que había tocado y escuchado.

Se trata de un caso en que la acción y el pensamiento son obligatorios. Por ejemplo, en mi comunidad, nuestra congregación está involucrada en varios aspectos diferentes de lo que es una campaña cada vez más organizada para poner fin a las personas sin hogar en Hollywood y Los Ángeles. Que no haya nunca más personas sin hogar. Esa es una tarea difícil. Algunos dirán idealista, incluso. Pero es algo que las comunidades necesitan para trabajar unidas.

Sin embargo, a medida que nos hemos sentado en innumerables reuniones y conversaciones, hay una cosa que me molesta. Mantenemos la referencia a “las personas sin hogar” o “clientes”. ¿Alguien sabe los nombres de estas personas? ¿Alguien sabe sus historias? Así que, si bien seguiremos trabajando para poner fin a las personas sin hogar en Hollywood, junto con todos nuestros socios comunitarios estamos convencidos de que tenemos que conocer a estas personas. Estoy muy feliz de que la mayoría de nuestros miembros conozcan los nombres y algo de las historias de una media docena de personas sin hogar o de muy bajos ingresos de nuestra congregación. Una cosa que nunca podrán obtener de un prestador de servicios es la amistad. Y, en la economía de Dios, la amistad puede ser algo que cure.

El ministerio de compasión de Jesús, como lo desarrolla tan bien Gary Krause en la lección de esta semana, es algo personal. Él tocó la vida de la gente personalmente. Jesús no comenzó ninguna campaña para salvar “pobres” sin nombre y sin rostro. Pasó haciendo el bien a determinadas personas. Es fácil usar un brazalete o donar algo para una campaña. Esas son las dos cosas que hago. Lo que resulta más difícil es detenerse en la acera, aprender el nombre de alguien, y escuchar pacientemente su historia. Eso requiere que, después, aprendamos a amar a las personas.

Por último, nuestro ministerio debe ser en forma después de Jesús, que terminó en una cruz. Esto no significa que todos tenemos que tener un complejo de mártir. Lo que sí significa, es que nuestro ministerio, al igual que el de Jesús, se caracteriza por la compasión, lo cual significa literalmente “con sufrimiento”. ¿Qué pasaría si, como N. T. Wright sugiere en su pequeño y sorprendente libro, El desafío de Jesús, los cristianos simplemente “estuviéramos con” (¿encarnación?) las personas de nuestras comunidades en el punto de su dolor? ¿Qué pasaría si nos diéramos a nosotros mismos en estos lugares, como Jesús, no esperando nada a cambio?

Una de las cosas que debemos preguntarnos continuamente en nuestra congregación, es: ¿Cómo podemos ser la presencia de Cristo en nuestra comunidad? El asunto no es responder a esta pregunta definitivamente, como si hubiera una sola manera correcta, sino profundizar en nuestra imaginación acerca de lo que significa ser el pueblo de Dios en un lugar determinado. La conversión que la iglesia necesita consiste en ver esta encarnación –este sufrimiento junto con— como el verdadero evangelio de Jesucristo, el evangelio de la sanación, de la plenitud y de la vida.

Preguntas para la reflexión:

El autor sugiere que los ministerios de compasión no son un precursor de otra cosa, como si hubiera algo más importante. ¿Está usted de acuerdo?

¿Se limita “El evangelio" a palabras, a doctrina, a teología? ¿En qué sentido el amor y la curación son evangelizadores (EVANGELION: proclamar la buena noticia) y no sólo pre-evangelización?

¿Dónde se encuentra su comunidad, su barrio, cuando hay dolor?

¿De qué manera puede su congregación estar con su comunidad en su punto de dolor?

¿Puedes imaginar a tu congregación “estando con tu comunidad”, sin tener que ofrecer todas las “respuestas correctas”?

Ryan Bell es pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, de Hollywood, California.


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