El valor de tener valores


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Este sugerente título se corresponde con la conferencia que impartió el profesor Francesc Torralba1el 24 de mayo en la iglesia adventista de Barcelona Urgell. Además, este también es el título de uno de sus últimos libros.2El profesor Torralba, entre otras cosas, es especialista en ética aplicada y su obra se ha centrado en el tema de los valores.

En su exposición, el profesor Torralba abordó tres cuestiones esenciales en relación a los valores.

  • ¿De qué hablamos cuando hablamos de valores?

  • ¿Es posible la transmisión de valores?

  • ¿Qué valores son significativos o son necesarios en una sociedad en crisis?

¿De qué hablamos cuando hablamos de valores?

En primer lugar, el profesor Torralba intentó dejar claro que el concepto de valor es relativamente nuevo en el campo de la ética. De hecho, este no se comenzó a utilizar hasta el siglo XIX, y el primero en utilizarlo fue Friedrich Nietzsche. De la misma manera que había valores también había contravalores (solidaridad/egoismo, etc). En la antigüedad en lugar de hablar de valores se hablaba de virtud y de vicio. En ese sentido, un hombre de la antigüedad no nos entendería cuando utilizamos la expresión valor.

Una vez planteada la novedad en el uso, el profesor Torralba intentó definir el concepto de valor, qué quiere decir, qué entendemos cuando hablamos de valores. Para acercarse al significado del término valor lo hizo desde cuatro perspectivas diferentes, pero complementarias.

  1. Valor como calificación de un hecho

Un valor no deja de ser un hecho. Un hecho es aquello que sucede, que pasa. Cuando un hecho es significativo hablamos de acontecimiento. Esto quiere decir que de alguna manera marca un antes y un después en la historia. Por ejemplo, el nacimiento de Cristo es más que un hecho, es un acontecimiento.

Un valor es una calificación sobre un hecho de la misma manera que excelente, notable, etc. Compartir, dar, etc. son hechos. Cuando estos son calificados se convierten en un valor. Hablamos de valor para referirnos a aquellos hechos que te proporcionan un valor añadido. En ese sentido, dar la vida es el más valioso de todos.

1. Valor como fuerza motriz de la persona

Los valores serían las fuerzas motrices de las personas, aquello que nos empuja a actuar de una determinada manera. En definitiva, respondería a las preguntas por qué hace lo que hace, qué le impulsa a actuar así.

Hay pensadores que afirman que las personas actúan o se mueven por necesidad. Y eso no deja de ser verdad en cierta medida, pero eso no siempre es así.

En este punto, el profesor Torralba señaló la importancia de la autorreflexión, de detenernos a reflexionar sobre qué nos impulsa a actuar como actuamos. Él destacó que muchas veces entramos en contradicción, una cosa es lo que decimos ser y otra cosa muy distinta es como somos en realidad. Él remarco la necesidad que tenemos los creyentes de reflexionar sobre qué nos impulsa a actuar.

2. Valor como punto de referencia

Un valor es un punto de referencia, en el sentido de que este no se puede alcanzar en su totalidad. Un valor no se puede agotar. Por ejemplo, nadie puede afirmar que tiene la paciencia. Se puede tener más o menos paciencia pero nadie puede tener la plenitud de lo que representa la paciencia. Siempre es posible ir más allá.

Los valores son como estrellas en el horizonte, nos señalan el camino hacia donde vamos.

3. Valor como elemento que da sentido al tiempo

Un valor es aquello que hace que el tiempo tenga sentido, que mi vida tenga una razón de ser.

A veces hablamos de perder el tiempo pero solo desde una perspectiva económica. Valoramos nuestro tiempo en función de lo que ganamos o dejamos de ganar. Pero perder el tiempo o su valoración tiene que ir más allá. El tiempo no es perdido sino que es valioso cuando como persona crezco. El valor nos ayuda a hacer esta valoración del tiempo.

¿Es posible la transmisión de valores?

La segunda cuestión que abordó el profesor Torralba se centró en si los valores se pueden transmitir. Además, señaló que esta es una de las grandes cuestiones que a menudo le plantean los padres o aquellos que se dedican a la educación. Para intentar dilucidarla, Francesc Torralba nos recordó que tradicionalmente se han dado tres respuestas posibles.

La primera, que es NO. Esta posición, que podríamos denominar como determinista o fatalista, afirma que los valores son connaturales a la persona, se nace con ellos y por eso no se pueden transmitir. Se tienen o no se tienen.

La segunda opción considera que el ser humano es una “tabula rasa”y que por lo tanto, se puede dar forma. En ese sentido, es posible transmitirles los valores que queramos.

La tercera opción, a la que el profesor Torralba se adscribe, considera que todo ser humano nace con unas disposiciones naturales y que estas son diferentes en cada uno. Pero, al mismo tiempo, hay un entorno que determina o condiciona. Por lo tanto, este es importante y en consecuencia este influenciará en la formación de la persona.

Un aspecto muy importante en la transmisión de valores es la coherencia. No podemos pretender o decir que algo es importante cuando nosotros actuamos de forma totalmente opuesta. Además, no hay la menor duda de que aquello que tiene valor para nosotros es aquello a lo que dedicamos tiempo. El tiempo es un claro indicativo de aquello que es importante para nosotros.

Resumiendo, podríamos decir que los valores de un ser humano están condicionados de alguna manera por su herencia y, al mismo tiempo, por el entorno en el que se desenvuelve. En definitiva, es una síntesis de lo dado y del entorno. Por lo tanto, hay un aspecto que es ajeno a nuestra influencia, pero hay otro sobre el cual podremos incidir o influenciar. Eso implica que la transmisión de valores es relativa y circunstancial. No todo depende de lo que hagamos como padres o educadores.

Una vez aclarada la posibilidad en la transmisión de los valores, el profesor Torralba abordó una cuestión fundamental: cómo podemos transmitir valores o, dicho de otra manera, qué podemos hacer para que esa transmisión sea una posibilidad. Según Torralba, existen tres elementos o acciones que son esenciales en la transmisión de valores.

1. La repetición: el profesor Torralba destacó que todo aprendizaje requiere de la repetición. Como destaca una expresión muy conocida la repetición es la madre de la retención. Muy a menudo, hemos escuchado un mensaje muchas veces, de forma reiterada, pero eso no quiere decir que nos hayamos apropiado de él, que lo hayamos hecho nuestro.

La educación no es una casualidad.Educar es muy cansado, de ahí la necesidad de que en la educación de nuestros hijos estén implicados diversos agentes y no solo eso, sino que además estén en sintonía, que el discurso sea el mismo.

Un valor solo se ha transmitido cuando el otro se lo ha apropiado, se lo ha hecho suyo.

2. La ejemplaridad: solo se puede transmitir si uno es ejemplo de aquello que predica. Solamente tiene autoridad en la transmisión de valores aquel que es coherente. Para que esta sea posible es necesario la congruencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Nadie vivirá aquello que no ha visto. No podemos destacar el valor de la oración como padres si nuestros hijos no nos ven orar nunca. No podemos esperar que ellos la entiendan o perciban como algo importante.En este apartado, el profesor Torralba destacó la diferencia entre poder, autoridad y autoritario. El que actúa de forma autoritaria es porque ha perdido la autoridad. La autoridad no la tiene uno sino que se la otorgan los otros. De ahí, la importancia de tener autoridad, en la medida de que se nos otorgue tendremos más posibilidades de incidir en la transmisión de valores.

3. Tiempo: la transmisión de valores no es inmediata, necesita de tiempo. Además, es imposible calcular a priori cuánto tiempo es necesario. Únicamente podemos sembrar. Para percibir la adquisición de un valor ha de pasar tiempo y, en algunas ocasiones, mucho tiempo. Los frutos de una labor, tal vez solo serán observables en un tiempo muy lejano. Esa realidad es un inconveniente teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad que se caracteriza por la inmediatez.

¿Qué valores son significativos o son necesarios en una sociedad en crisis?

Para finalizar su exposición, el profesor Torralba abordó de forma sucinta la última cuestión que se planteó inicialmente, qué valores son esenciales o significativos en un momento de crisis como el actual. El profesor Torralba, antes de mencionar aquellos aspectos que él considera significativos, destacó que en los momentos de crisis aparecen o florecen valores nobles como la solidaridad, situación que contrasta con aquella que se dan en momentos de bonanza económica. En esas circunstancias, los valores que se destacan son el hedonismo y el consumismo entre otros.

Según Torralba, en los momentos actuales están emergiendo tres valores.

1. La solidaridad: en estas circunstancias están proliferando las iniciativas de solidaridad tanto intrafamiliares como extrafamiliares. Todo ese conjunto de iniciativas hacen posible que muchas personas puedan tirar hacia delante. Es en los momentos de crisis donde la solidaridad se convierte en esencial.

2. La sobriedad: implica saber vivir con menos. Según Torralba, algunos han redescubierto este valor debido a la crisis, la pregunta es si cuando haya pasado la crisis volveremos a una situación de consumo sin límite. Es importante saber vivir con lo esencial, no convertirse en esclavos del tener. La riqueza se encuentra en saber vivir con menos.

3. Ser emprendedor: por último Torralba destacó la necesidad de tener iniciativa en un momento como el actual. Animó a los jóvenes a que se pregunten qué pueden hacer, a no pararse sino a actuar. Destacó que en el pasado y en situaciones adversas, algunos han sabido construir pero que para ello es necesario la constancia.

En el turno de preguntas, destacó que la crisis es una buena ocasión para aprender, para cambiar y actuar de forma diferente.

Por último, en relación a la educación de nuestros hijos destacó que existen tres dificultades.

  1. La velocidad con la que vivimos, no tenemos tiempo para detenernos a reflexionar.

  2. La dificultad para encontrarse, para convivir en familia. Hasta un acción tan sencilla como comer en familia a veces se convierte en una misión imposible.

  3. Las contradicciones entre la familia y la escuela. Muy a menudo los objetivos y las prioridades son contrapuestas.

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