Escuela sabática: Descripción del trabajo que Jesús dio a su Iglesia


(Spectrumbot) #1

(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Antes de ascender, Jesús estableció la descripción de trabajo de la Iglesia Cristiana. Juan registra parte de la increíblemente sentida oración de nuestro Señor a su Padre Celestial, en la que Jesús dice: “Como tú me has enviado al mundo, así yo los he enviado al mundo” (Juan 17:18, ver también 20:21).

Obviamente esto requiere una segunda lectura, hecha de rodillas. ¿Es posible que Jesús haya querido decir lo que dijo? ¡Lo que él debía hacer en este mundo, pues para eso fue enviado, es lo que nos envía a hacer nosotros! Podría ser entonces que, en algunos aspectos importantes, ¡el plan de la salvación depende de que sus discípulos hagan fielmente lo que él hizo fielmente! Y si no lo hacen, ¡serían sus seguidores sólo de nombre! Y algún día esos seguidores escucharán esas terribles palabras: “Nunca os conocí [por lo que dijeron ser]” (Mateo 7:23).

Cuando leo esta descripción de trabajo, veo a Dios como nuestro Concesionario Celestial. Él tiene algo especial que ofrecer a todos los que le “compren”. Ofrece estas concesiones libremente a todos los que se comprometen a representar los valores que él sustenta—fielmente, claramente, día a día.

Su estrategia de mercado es la creación de franquicias para todos los que están convencidos de que lo que les está ofreciendo es el negocio más importante en el que alguien pueda invertir.

Las franquicias, en el mundo de los negocios, se suelen suspender porque las concesiones locales no están a la altura de las expectativas de la oficina central. No reproducen fielmente el Plan Maestro o los Lineamientos Maestros.

Jesús es el Concesionario Divino que ofrece las concesiones locales a los hombres y mujeres de cada generación. Ha tenido muchos tomadores de concesiones. Algunos sólo querían su nombre pero no su control de calidad. Algunos querían su poder, pero no su Espíritu. Algunos querían sacar partido de su publicidad, pero no adquirir su carácter.

Pero Jesús siempre ha encontrado a algunas personas, en cada generación y en todas las tierras, que captan bien el asunto. ¡Han descubierto que trabajar para el Concesionario Celestial se convirtió en su vida! ¡Nada es más emocionante! Estos concesionarios locales saben que no son tan perfectos como su Oficina Central. Pero también saben que si siguen escuchando a la Sede, y permanecen cerca de los representantes de la empresa (que siempre están de su lado para ayudarles a lograr todas las expectativas), su concesión local reflejará cada vez más la pauta original del Concesionario Divino.

Ahora, unas pocas horas antes del Calvario y sólo unas semanas antes de su ascensión, Jesús estaba poniendo en acción el Plan de Franquicias C. El Plan de Franquicias A fracasó cuando Adán y Eva salieron del Jardín. El Plan B falló cuando Israel perdió su oportunidad de ser el fiel representante de Dios. Los privilegios y la misión de Israel, como “pueblo elegido” de Dios, pasaron a ser de su iglesia, a su tiempo.

¡He aquí el Plan C: la iglesia cristiana! Hombres y mujeres de fe se convertirían en los representantes de Dios en todo el mundo, defendiendo la causa de que se puede confiar en Dios, de que es justo con sus leyes, que es inefablemente misericordioso, y que su gracia derrite nuestros corazones y capacita a las voluntades débiles a fin de que la voluntad de Dios sea hecha en la tierra, así como lo hacen los ángeles en el cielo, en forma alegre, entusiasta y obediente (Lucas 11:2).

¡Sin duda la iglesia cristiana entendería el asunto! “¡No cometáis los errores de Israel!” “¡No produzcáis una brecha entre las creencias y la vida real!” “¡Aprended de las lecciones de Israel!”

En el Plan C, la iglesia tiene la misma misión y propósito que Dios tenía para Adán y Eva, y para la nación judía: “Por medio de Su pueblo, Cristo ha de manifestar su carácter y los principios de su reino.…Él desea responder por medio de su pueblo a los cargos de Satanás, mostrando los resultados de la obediencia a los principios correctos”.1

El Plan C es una tarea no sólo para la iglesia corporativa. Esos “principios correctos”, en contraste con los principios satánicos, “se deben manifestar en la persona cristiana en forma individual.…Todos han de ser símbolos de lo que se puede hacer por el mundo. Han de ser modelos del poder salvífico de las verdades del evangelio. Todos son agentes para el cumplimiento del gran propósito de Dios para la raza humana”.2

Esta conexión entre la comisión que Dios ha dado a la Iglesia corporativa y al cristiano individual—que el cristiano daría “testimonio” en el mundo, reflejando el carácter y los principios divinos, y que el regreso de Jesús depende de que este “testimonio” haya sido dado fielmente—se resume perfectamente en estas palabras:

Es la oscuridad producida por una idea equivocada acerca de Dios lo que está envolviendo al mundo. Los hombres están perdiendo el conocimiento del carácter de la Divinidad; éste ha sido mal entendido y mal interpretado. En este momento se debe proclamar un mensaje de parte de Dios, que ejerza su influencia esclarecedora y su poder salvífico. Debe darse a conocer el carácter de Dios. Se debe arrojar la luz de Su gloria en la oscuridad del mundo; la luz de Su bondad, misericordia y verdad.…Los que esperan la venida del Esposo han de decir al pueblo: “He aquí tu Dios”. Los últimos rayos de luz misericordiosa, el último mensaje de misericordia que debe darse al mundo, es una revelación de Su carácter amante. Los hijos de Dios han de manifestar Su gloria. En su propia vida y carácter han de revelar lo que la gracia de Dios ha hecho por ellos. La luz del Sol de Justicia ha de brillar en buenas obras…en palabras de verdad y actos de santidad”.3

Esta es una declaración asombrosa. ¡Francamente, muy inequívoca! Simplemente amplifica la predicción de nuestro Señor: “Este evangelio del reino será predicado en todo el mundo, como un testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14).

¡Los testigos, en cualquier tribunal, no repiten rumores! Pueden hablar sólo de lo que conocen personalmente. Los fieles de Dios en el tiempo del fin serán testigos personales de lo que el evangelio ha hecho por ellos, y de lo que sin duda hará por todos aquellos que también “vengan y vean”.

Algunos podrían preguntar: Si Jesús venció a Satanás a cada paso, si el Cielo y todos los mundos no caídos vieron a Satanás desenmascarado cuando Jesús murió, ¿por qué no ha terminado la guerra? Si Jesús ha reivindicado el carácter y el gobierno de Dios, ¿qué más se necesita para poner fin a la gran controversia? Si Jesús resolvió todo mediante su vida y su muerte, ¿por qué Dios se detiene y permite los horrores y tristezas de los últimos dos mil años? ¿Quedó algo aún sin terminar después de la cruz?

Al convertirse en hombre “en todos los sentidos” (Hebreos 2:14, 17), Jesús mostró el camino al refutar las acusaciones de Satanás. Pero también dejó en claro que aún quedaba algo más por hacer, y la tarea es para los que siguen su ejemplo. Él creó concesiones locales para que continúen realizando en todo el mundo lo que él hizo durante treinta y tres años en un área geográfica muy limitada, al este del Mar Mediterráneo.

¿Qué significa esto en el panorama general? Elena de White hace nítido el centro de nuestra atención: “Satanás no fue destruido entonces [en la cruz]. Los ángeles no comprendieron ni siquiera entonces todo lo que estaba involucrado en la gran controversia. Los principios que estaban en juego habían de ser revelados en mayor plenitud. Y por causa del hombre, la existencia de Satanás debía continuar. Tanto el hombre como los ángeles debían ver el contraste entre el Príncipe de la luz y el príncipe de las tinieblas. Él hombre debía elegir a quién quería servir”.4

Philip Yancey capta la mística del Libro de Job, así como el Panorama General:

La lucha planteada entre Dios y Satanás no es un ejercicio trivial. La acusación satánica de que Job amaba a Dios sólo porque “has puesto una barrera alrededor de él”, permanece como un ataque contra el carácter de Dios. Eso implica que Dios no es digno de amor en sí mismo, que la gente sigue a Dios sólo por interés o porque son “sobornados” para hacerlo.…El libro gira en torno a la cuestión de la integridad. Job actúa como si la integridad de Dios estuviera en tela de juicio.…Los primeros capítulos de Job, sin embargo, revelan que Dios apostó mucho a la maldad o la rectitud de un solo hombre. De alguna manera, en una forma en que el libro sólo sugiere y no explica, la fe de una persona sí hace una diferencia.…Job nos recuerda que la breve historia de la humanidad en esta tierra—y, de hecho, mi propia breve historia de fe—tiene lugar en el contexto de un drama mayor, que es el de la historia del universo. Somos soldados de infantería en una batalla espiritual que tiene una importancia cósmica.…El plan de Dios para revertir la Caída depende de la fe de aquellos que lo siguen.5

Las “concesiones” divinas que nuestro Señor nos ha confiado, en representación de la calidad y el espíritu de la Oficina Central, han llegado a ser el escenario en que “los principios en juego debían revelarse más plenamente”. En la sabiduría infinita de Dios, él se arriesgó una vez más cuando dio a los cristianos la misión de finalizar la controversia entre él y Satanás. La iglesia cristiana es el Plan C que Dios tiene para “el cumplimiento del gran propósito de Dios para la raza humana”.6

Notas y referencias

1. Elena G. de White, Lecciones prácticas del Gran Maestro, 272. 2. Ibíd. 3. Ibíd., 381–82. 4. El Deseado de todas las gentes, 709. 5. Philip Yancey, The Bible Jesus Read (La Biblia que leyó Jesús) (Grand Rapids, Michigan: Zondervan, 1999), 46–67. 6. Lecciones prácticas del Gran Maestro, 271–72.


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