Esperanza

(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

¿Por qué elegí este tema en particular cuando se me pidió que escribiera algunos comentarios sobre uno de los temas de este trimestre de la Guía de Estudio de Escuela Sabática? Probablemente porque ha sido un foco principal durante mis últimos cinco años de asignación confesional antes de retirarme hace un poco más de un año. Como presidente de la Iglesia Adventista en los Países Bajos, traté de hacer lo posible para estimular la esperanza entre los miembros de la iglesia. ¡Durante demasiado tiempo, demasiados cristianos parecen haber sentido que no había mucha esperanza para la iglesia, incluyendo su propia denominación, en su muy secularizada y cada vez más posmoderna esquina del mundo! Y, en efecto, sin esperanza hay poco futuro.

Necesitamos con urgencia la esperanza, en forma individual, así como en el ámbito institucional como iglesia. El mundo que nos rodea necesita esperanza. No sólo la esperanza de la recuperación económica en un momento de crisis financiera y la esperanza de poner fin al desastre ecológico antes de que el Planeta Tierra sea destruido. Sobre todo necesitamos la esperanza en un nivel existencial más profundo, ya que en los corazones de innumerables millones de personas la angustia y la desesperación han sustituido a la creencia de la Ilustración en un progreso constante y a la experiencia cristiana de la esperanza. Cualquier libro que describe las características de la posmodernidad menciona el pesimismo acerca el futuro como uno de sus rasgos principales.

Hace unas semanas, visité en Londres una exposición de arte posmoderno en el Museo Tate Britain. Si alguna vez necesité una confirmación del creciente desvanecimiento de la esperanza, la encontré allí. Veintiocho artistas de todo el mundo parecían gritar con una sola voz artística (¿?) a los visitantes: No hay sentido en la vida y ninguna esperanza para el futuro.1 Pero el mensaje cristiano sigue siendo: ¡Usted está mortalmente mal! ¡Hay esperanza!

Esta semana, el tema se centra en la esperanza bíblica. Esto no debe confundirse con el mero optimismo. No se la puede descubrir, o re-descubrir, en la Catedral de Cristal de Schuler ni en la predicación de otros proponentes de un somero y deficiente evangelio de “la salud y la riqueza”. La esperanza bíblica no se une a Juan Calvino en su teología de la depravación total del hombre y en su insistencia sobre la imposibilidad de utilizar el poder de la elección dado por Dios. Pero tampoco puede ignorar la horrible realidad del pecado o la función ineludible del juicio en la economía divina de la salvación. Dios no resuelve el problema del mal haciendo caso omiso de él. Esto en sí mismo da sustancia a nuestra esperanza.

Efesios 2:12 nos presenta una verdad fundamental. Los que no han sido reconciliados por Cristo, dice Pablo, están “sin esperanza y sin Dios en el mundo”. El ateo o el agnóstico pueden no estar de acuerdo con la premisa de que “la esperanza” y “Dios” son inseparables. Ellos pueden señalar las variedades seculares de la esperanza, pero el cristiano sostendrá que al final de cuentas la verdadera esperanza se basa en un Punto de Referencia que está fuera de nosotros mismos.

Estoy totalmente de acuerdo con Hans Schwartz, profesor de teología sistemática en la Universidad en la ciudad alemana de Ratisbona: “Recibimos en última instancia la dignidad y la importancia sólo como vehículos del propósito redentor de Dios. Toda esperanza está fundada y centrada en Dios, y no en la creencia en el progreso, o en la humanidad. El Dios que actúa siempre y activa todo desde el principio, que controla el presente y que nos abre el futuro, es el centro decisivo de la esperanza de todos los cristianos y judíos”.2

En los últimos años me he hecho constantemente la misma pregunta que Schwarz nos plantea, a saber, “si la esperanza en un Dios actuante y activo determina todavía la orientación de la vida de la mayoría de los miembros de la iglesia”.3

Este punto es destacado también por otro profesor alemán (de la Universidad de Tubinga), Christoph Schwöbel, quien dice que la esperanza cristiana está “orientada a la promesa de que el cumplimiento de la meta final está en manos del Dios trino. Esto es precisamente lo que distingue a la orientación escatológica de la fe del futuro abierto de los proyectos propios de la humanidad, y esta es la razón por la cual podemos esperar que la fe no sea frustrada cuando los proyectos humanos fallan”.4

Sin Cristo, no hay una verdadera esperanza. Lamentablemente, hay mucha preocupación escatológica que se centra casi exclusivamente en las cosas, en los eventos futuros, en los poderes humanos—ya sean civiles o eclesiásticos—más que en el Cristo resucitado y próximo a regresar.5 A menudo parecería que para muchos cristianos adventistas la esperanza está centrada en las leyes dominicales y en el papado, en la persecución y en las plagas, en lugar de centrarse en el Cristo que viene. ¡En una verdadera escatología cristiana lo que vendrá es secundario frente a Quién va a venir!6

Richard Rice nos recuerda que la esperanza del cristiano abarca cuatro cualidades esenciales: (1) El hecho de que Cristo regresará, lo cual cambiará lo que esperamos en realidad, (2) esto significa que en realidad anhelamos su regreso, (3 ) y por lo tanto, implica vigilancia, y (4) también implica preparación.7

Debido a que la esperanza cristiana se basa en lo que Dios hizo por nosotros en Cristo, ella involucra a (1) sus hijos por separado, (2) también a su iglesia y (3) a su mundo. Esta esperanza se realiza en la tensión entre el ya y el todavía no. (1) Es posible que la esperanza de la vida nueva en Cristo, el nuevo nacimiento y la santificación, se efectúen en el aquí y ahora, y también plenamente en la nueva creación, en el mundo por venir. (2) Tenemos la esperanza de la comunidad de fe a la que pertenecemos. Puede que ésta represente a Dios, hoy en día, como su cuerpo espiritual (aún imperfecto), mientras espera pertenecer a la multitud perfecta de los redimidos. (3) Y mientras esperamos la consumación de la historia en un cielo nuevo y una tierra nueva, no renunciamos a nuestro hábitat actual, en la creencia de que en algún sentido el reino futuro ya puede ser una realidad presente (Lucas 17:21).

Notas y referencias

1. El sitio web de la exposición está en la dirección: . 2. Escatología (Grand Rapids, Michigan: Eerdmans, 2000), 13. 3. Ibíd. 4. Christoph Schwöbel “¿Las últimas cosas primero? El Siglo de Escatología en Retrospectiva”, en David Fergusson y Marcel Sarot, eds., El futuro como un don de Dios: Exploraciones en Escatología cristiana (Edimburgo, 2000), 241. 5. Ver Adrio König, El eclipse de Cristo en Escatología (Grand Rapids, Michigan: Eerdmans, 1989). 6. John Brunt, Ahora y todavía no (Hagerstown, Md.: Review and Herald, 1987), 88. 7. Richard Rice, El Reinado de Dios (Berrien Springs, Michigan: Andrews University Press, 1997), 361ff.

Reinder Bruinsma es el principal contribuyente de este trimestre de la Guía de Estudio de la Biblia de la Escuela Sabática. Formalmente es un pastor y administrador jubilado, pero permanece activo en la enseñanza y como escritor.


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