Grita!!!

Grita, chilla, nadie te escucha; regocíjate en tu propio silencio, hazlo tuyo, es lo único que tienes.

Vives, o eso crees, en un abismo de un paraje oscuro. La ausencia de luz no te permite ver que te rodea un bosque profundamente denso, repleto de árboles hibernales que se comen a sí mismos. Ellos, mientras aúllan repetidamente el nombre de la muerte.

Sí, la muerte, la trágica y cruda realidad que te persigue por todos los ángulos del espacio-tiempo a la velocidad de la luz. Que, incluso, un día logra tu amistad, y te quiere, y os queréis, es amor vivo.

Ella sí te escucha, te trata como el agua a la tierra o como una madre a su hijo; tú, mientras, drogado de vida, necesitas a la muerte como a un todo; la necesitas para sobrevivir, para poder vivir en la muerte de la vida sin desear ser la muerte (porque la muerte es muerte), pero a la vez siéndolo en la vida.

Piensas, marchándose la muerte quizá venga la vida, pero no; la vida no existe sin la muerte mas la muerte sí vive ya que somos muerte, muerte viva.

La vida no se alcanza sin morir, morir en la oscuridad del bosque, allí donde nace y muere la muerte.

Sigue gritando, sigue gritando,... ella te escucha.


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