La Creaci��n en G��nesis 2: 4b ��� 4: 26


(system) #1

Es sabido que tradicionalmente se ha dicho que estos vers��culos de G��nesis dan detalles que quedaron desatendidos en la presentaci��n de la creaci��n esbozada en el primer cap��tulo. Tal lectura tambi��n asume que todo el Pentateuco fue escrito por Mois��s en el siglo XV a. C. Esta manera de ver las cosas que es todav��a defendida por los fundamentalistas no puede ser mantenida ante las evidencias provistas por el mismo texto. Por m��s de dos siglos eruditos b��blicos est��n de acuerdo en identificar a grandes rasgos varias tradiciones cuyos textos fueron editados para formar el Pentateuco. El trabajo editorial que nos leg�� el texto actual fue llevado a cabo por sacerdotes del segundo templo entre los a��os 450-400 a. C. Las fuentes literarias usadas por los editores consist��an de versiones de los mismos acontecimientos, as�� tambi��n como de narraciones peculiares a una tradici��n oral. En G��nesis, Exodo y N��meroslos editores usaron principalmente dos fuentes, con una tercera que puede ser identificada en varias secciones del texto b��blico. Para la identificaci��n de las fuentes los eruditos estudian el vocabulario empleado, el nombre dado a Dios y a lugares importantes, el estilo literario, la identidad de los actores, el punto de vista teol��gico e hist��rico, las met��foras usadas para entender la relaci��n de Dios con Israel, etc.

Los editores del Pentateuco usaron las fuentes preponderantemente de dos maneras. En algunos casos pusieron a una detr��s de la otra resultando en la repetici��n del mismo evento desde dos o m��s puntos de vista, como en el caso de la creaci��n. En otros casos, dos o tres fuentes fueron entretejidas para as�� narrar el evento s��lo una vez, como en el caso del diluvio. Uno de los ejemplos m��s escuetos y claros de la presencia de tres versiones del mismo evento se encuentra en las tres subidas de Mois��s al monte Sina�� en Ex. 24: 9-17. En los vv. 9-11, Mois��s, Aar��n, Nadab, Abi�� y setenta ancianos de Israel suben al monte Sina��, ven a Dios y se sientan a comer y beber. En el monte Dios y seres humanos celebraron un banquete. En los vv. 12-13, Mois��s y Josu�� se levantaron y subieron al monte. Aar��n y Hur fueron dejados encargados de los negocios del pueblo. En los vv. 14-17, Mois��s sube al monte solo y est�� seis d��as cubierto en una nube sin poder ver nada. El s��ptimo d��a la gloria de Dios que se hab��a reposado en el monte llam�� a Mois��s sin que ��l pudiera verla. Al pie del monte el pueblo vio un fuego abrasador en la cumbre del monte. No se necesita mucha perspicacia para entender que los vv. 9-11 pertenecen a la misma fuente que nos dio Gen. 2: 4b ��� 4: 26, y que los vv. 14-17 vienen de la fuente que tambi��n nos dio Gen. l: 1 ��� 2: 4��, y continua en el cap��tulo 5.

En mi columna del mes pasado, sobre la creaci��n en los libros sapienciales, indiqu�� que Gen. 2: 5 usa una formula usada tambi��n por el autor de la Enuma Elishy el autor de Prov. 8: 22-31. Esta formula por s�� sola nos anuncia que lo que sigue es un relato independiente de la creaci��n. En realidad, decir que se trata de un relato de la creaci��n es exagerar un poco. El texto enfoca un ��rea muy peque��a de la superficie terrestre. La tierra en su totalidad y el universo sideral no son tomados en cuenta. El ��ngulo visual es m��nimo, parroquial.

La atenci��n se concentra en la creaci��n del var��n y c��mo Dios se ocupa de suplir todas sus necesidades. Aqu�� la creaci��n del var��n humano es lo que se relata primero. Los ��rboles del huerto ya existen para beneficio del var��n. Los animales son creados para beneficio del var��n, hasta se podr��a decir que ��l ayuda a su creaci��n d��ndoles sus caracter��sticas al nombrarlos. La hembra es creada para suplir una necesidad del var��n. En otras palabras el relato refleja una sociedad patriarcal, androc��ntrica.

En este relato Dios es distinguido por su nombre propio, YHVH (Jehov��, Yahve). Su actuar es muy familiar; se siente c��modo caminando por la tierra y haciendo cosas que los hombres hacen normalmente. Amasa barro para darle forma humana. No solo hace con barro al hombre sino que tambi��n hace con barro ���toda bestia del campo y toda ave de los cielos���. Luego abre con sus manos la cavidad tor��cica del var��n para sacar una costilla y la cierra cuidadosamente. Antes de la creaci��n del var��n Dios hab��a plantado un huerto ���en Ed��n, al oriente���. Este es un Dios inmanente que no necesita la sabidur��a, la palabra o un ��ngel, agentes intermediarios, como art��fices de la creaci��n. Este Dios hace lo que hay que hacer personalmente. Moldea barro, corta costillas, planta ��rboles y recorre el jard��n buscando a sus criaturas desobedientes.

En el Ed��n hab��a un r��o que regaba el huerto y ten��a cuatro ramales. Por las descripciones dadas a los ramales dos pueden identificarse como el Tigris y el Nilo. Otro es nombrado Eufrates. El cuarto, llamado Pis��n, pudiera ser el Orontes. Los dos nombrados primero desembocan en el Mediterr��neo y los dos ��ltimos en el Golfo Persa. O sea, aqu�� la creaci��n se limita a lo que conocemos como ���la medialuna f��rtil��� del Medio (Cercano) Oriente.

YHVH que planta un huerto y lo riega con un r��o con ramales que se extienden a territorios circunvecinos se caracteriza no s��lo por ensuciarse las manos con barro y sangre. Tambi��n se distingue por tener que buscar la soluci��n a problemas que se le presentan experimentando con diferentes opciones. Aparentemente, no es omnisapiente. Cuando descubre que no es bueno para el var��n estar solo, trata de solucionar el problema creando animales que le hagan compa����a. Cuando descubre que ninguno de los animales es la compa����a que el var��n necesita, decide crear una hembra para que le sea la contraparte correspondiente. Ahora el var��n y la varona (2: 23) pueden, alleg��ndose, ser ���una sola carne���. De esta manera se ha de perpetuar la raza de seres humanos mortales. El Dios representado aqu�� es totalmente antropom��rfico.

En t��rminos de la creaci��n, en este relato hay que notar que en el huerto de Ed��n, entre los muchos ��rboles plantados por Dios que eran ���deliciosos a la vista y buenos para comer���, Dios tambi��n plant�� dos ��rboles especiales: el ��rbol de la vida y el ��rbol del conocimiento del bien y del mal. Mientras que todos los dem��s ��rboles, como proveedores de belleza y fruta, satisfac��an las necesidades para el sustento del hombre y la mujer, el ��rbol de la vida y el del conocimiento del bien y del mal cumpl��an funciones espec��ficas. Su presencia en el huerto, por supuesto, es s��lo para beneficio de los seres humanos; no de los animales. Ellos eran la fuente de vida y el asesor de obediencia, los eslabones que manten��an a los seres humanos sujetos a su Creador. Es notable que antes de la creaci��n de los animales y de la mujer, Dios trae el var��n al huerto para que lo trabaje y le informa que puede comer libremente del fruto de todos los ��rboles menos el del ��rbol del conocimiento. O sea, cuando lo ��nico que exist��a eran el huerto con sus ��rboles, el r��o que lo regaba con sus cuatro ramales y el var��n, Dios introdujo un mandamiento que demuestra para qu�� fue que Dios cre�� al var��n. Lo cre�� para obedecer su mandamiento. El d��a que el hombre comiera del fruto del ��rbol del conocimiento, Dios le dice a Ad��n, ���morir��s���.

Si leo correctamente este relato, me dice claramente que el var��n creado por Dios, por naturaleza, era mortal. Comiendo del ��rbol de la vida vivir��a indefinidamente, pero la duraci��n de su vida estaba condicionada a su obediencia. Si com��a del fruto del ��rbol del conocimiento, irremediablemente, debido a su naturaleza mortal, morir��a. Esta lectura del texto queda corroborada al final del relato. El castigo por haber comido del fruto prohibido no es la muerte. Es la p��rdida de acceso al ��rbol de la vida. Al no poder comer del fruto de ese ��rbol, su vida sigui�� su curso normal y eventualmente muri��.

En este relato el ��rbol de la vida y el del conocimiento cumplen la funci��n del templo en todos los dem��s relatos de la creaci��n. Por algo se dice que estos ��rboles estaban ���en el centro del huerto��� (2: 9). Estos ��rboles eran el cord��n umbilical del Ed��n. Por medio de ellos Ad��n y Eva pod��an mantener contacto con la fuente de vida mientras cumplieran con el prop��sito para el cual hab��an sido creados. Su obediencia al mandamiento divino los mantendr��a vivos y ���vestidos de inocencia���. Por supuesto, tal condici��n s��lo puede ser reconocida por quienes la han perdido y se sienten culpables.

En realidad, el relato de Gen. 2: 4b ��� 4: 26 no tiene que ver con la creaci��n como realidad f��sica o funcional. Su inter��s es considerar la naturaleza y la condici��n de los seres humanos. Su perspectiva es antropoc��ntrica. Su contenido enfatiza un cambio en la relaci��n de los seres humanos con su Creador. En el proceso otra vez queda claro que Dios ha creado a los seres humanos con la libertad para desobedecer y ha tenido que poner en vigencia el plan B.

Como ya dije, seg��n este relato los seres humanos depend��an del fruto del ��rbol de la vida para vivir. Esto quiere decir que en si mismos eran mortales. El tener la posibilidad para algo, en este caso la muerte, no lo hace necesario. Una pregunta hipot��tica, pero digna de consideraci��n, es: Si Ad��n y Eva hubieran sido creados seres inmortales hubiera habido la necesidad de plantar el ��rbol de la vida al centro del huerto? Creo que la respuesta es NO. Al desobedecer ellos no perdieron la inmortalidad. Perdieron acceso al fruto del ��rbol de la vida que les permit��a seguir viviendo. Esto tambi��n es demostrado por la tentaci��n ofrecida por la serpiente. Los dioses, es sobreentendido, son inmortales. Al ofrecerles venir a ser como dioses conociendo el bien y el mal, la serpiente les est�� ofreciendo transformarlos a la condici��n de seres inmortales. En otras palabras, la tentaci��n consiste en querer ser m��s de lo que hab��an sido creados para ser. La tentaci��n es escapar de la condici��n mortal en que fueron creados. Al decir esto no estoy considerando ni la ciencia ni la historia de las doctrinas cristianas. Solamente estoy leyendo el texto b��blico. Siglos despu��s se decidi�� que La Ca��da consisti�� en la p��rdida de la inmortalidad y que la creaci��n fue ex nihiloy ab initio temporis.Seg��n el relato lo que se perdi�� fue el ��rbol de la vida (no la inmortalidad), antes de la creaci��n ya exist��a un desierto con muy poca humedad y tanto el hombre como las plantas y los animales salieron de la tierra (no ���de la nada���).

Esto hace que los seres humanos lleven consigo un sentido de culpabilidad por haber desobedecido y perdido algo valioso. El reconocimiento de innata culpabilidad tambi��n aparece en otros relatos de la creaci��n. Por ejemplo, en Enuma Elishlos seres humanos reciben vida de la sangre de Kingu, el dios que fue sacrificado por haber sido el l��der de la rebeli��n contra Tiamat y Apsu. Kingu es el culpable y los seres humanos reciben la vida de su sangre. De esta manera se explica el sentido de culpa que todos los seres humanos llevan en si mismos. La noci��n de que la vida est�� en la sangre tambi��n se encuentra en la Biblia, as�� tambi��n como la que uno tiene que morir y vertir sangre para darle vida a otros.

Este relato tom�� un monumental paso teol��gico hacia delante cuando dej�� atr��s la noci��n de que la vida o la materia de los seres humanos fue extra��da de dioses que fueron vencidos y muertos. Ese es el paso dado por los autores de la creaci��n en el Pentateuco. Ad��n es barro formado en forma de un cuerpo, y recibe la vida del aliento (esp��ritu) de Dios. La materialidad del aliento de Dios no alcanza a la de la sangre. Aqu�� Behemoth, Leviat��n, el drag��n o el oc��ano primordial no aparecen. Esta superioridad de los relatos de la creaci��n comparados con los relatos de otras culturas fue lo que los padres de la iglesia de los primeros siglos afirmaban cuando declaraban que la creaci��n fue ex nihiloy ab initio temporis(no tuvo lugar en el tiempo en que las mitolog��as contaban de las batallas contra los poderes del caos que hicieron posible la creaci��n).

El ��rbol de la vida y el ��rbol del conocimiento del bien y del mal al centro del huerto son el templo del Ed��n, lo que hac��a posible y manten��a la vida hermosa y apacible de seres humanos que cumpl��an el prop��sito para el cual hab��an sido creados. Es sin duda muy apropiado que ��rboles sean el templo de un cosmos que es s��lo un huerto con tierras circundantes. Mientras que en otros relatos los seres humanos son creados para facilitar el ocio de los dioses sirvi��ndoles, ofreciendo sacrificios de sangre que los alimentan, en este relato los humanos fueron creados para obedecer a YHVH. En el Ed��n YHVH promulg�� su primer mandamiento: ���No trates de ser m��s de lo que te he creado para que seas. Si pretendes ser m��s, dejar��s de ser���.

Es de notar que entre los humanos la primera muerte no fue la muerte que viene normalmente a seres mortales sin acceso al ��rbol de la vida. Fue la muerte causada por el asesinato de Abel. Aqu�� nos encontramos otra vez ante un evento inesperado. Este relato nos alerta a voz en cuello que hay algo en el ser humano que trae consecuencias tr��gicas y hace que la vida ���al este del Ed��n���, con acceso vedado al ��rbol de la vida, no sea buena. El cap��tulo 4 nos da la genealog��a de Ca��n hasta los que introducen la m��sica, la metalurgia y las ciudades. Esta genealog��a termina con Lamech, el segundo asesino. Otra vez, Dios tiene que implementar plan B, y como resultado Ad��n y Eva tienen un hijo que toma el lugar de Abel, Seth.

Como seres mortales los seres humanos tenemos dentro una paradoja, tanto el aliento divino que nos da vida y el deseo de ser m��s de lo que nuestra vocaci��n nos permite. Como consecuencia nos hemos vuelto asesinos que toman la vida de otros. Al considerar la naturaleza y la condici��n del ser humano los autores de este relato ponen ante nosotros un espejo en el cual nos vemos a nosotros mismos y nos sentimos inspirados a reflexionar. Como teolog��a, este relato tiene relevancia para todos los seres humanos en todos los tiempos. Aunque estamos concienzados de que compartimos nuestro mundo con otros seres vivientes y tenemos que vivir en paz con nuestro pr��jimo, todav��a vivimos en un universo simb��lico antropoc��ntrico y envidioso. Como consecuencia, no faltan los momentos en la vida cuando necesitamos un Dios antropom��rfico siempre predispuesto no s��lo a castigar nuestra desobediencia sino tambi��n a buscar otra manera (plan B) de llevar a cabo sus prop��sitos.


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