La Creación en la carta a los Colosenses


(system) #1

Colosenses presenta argumentos para que sus lectores no se dejen engañar por quienes les enseñan “filosofías y vanas sutilezas” (2:8). Al centro de sus enseñanzas, sin duda, “los elementos del mundo” jugaban un papel importante. Esto nos alerta a que se trata de la manera en la cual nos vemos dentro de la creación. Los “elementos del mundo” son los elementos constitutivos del universo. Los griegos habían determinado que había cuatro, o tal vez cinco, elementos: tierra, agua, aire, fuego, y talvez éter. Conocimiento de la estructura del universo y de la manera en que los poderes del aire, “los principados y potestades” (2:10, 15), controlan los elementos es indispensable para poder ascender por las esferas celestiales y participar en la liturgia con los ángeles, penetrando y viendo lo invisible (2:18).

Si bien ha sido difícil definir con precisión las enseñanzas de los que trataban de confundir a los colosenses, la mayoría de los eruditos coinciden con mi escueta descripción. Ellas incluían también prácticas ascéticas que eran necesarias para poder ascender a las esferas celestiales, ver escenas divinas y participar en liturgias angélicas. En otras palabras, estos maestros satisfacían el deseo de alcanzar la perfección requerida para gozar de viajes por las regiones superiores. Según ellos, al “no manipular, ni gustar, ni aun tocar” ciertas cosas y voluntariamente tratar duramente el cuerpo (2: 22-23), se demuestra haber alcanzado la sabiduría y la perfección necesaria para tales viajes.

En Colosenses se describe a todas estas enseñanzas como “mandamientos y doctrinas de hombres” (2: 22) “conforme a los elementos del mundo y no según Cristo” (2: 8). Por lo que podemos apreciar se trata de un sincretismo religioso que cristianiza tradiciones gnósticas del mundo helenístico. Siendo que estos maestros no basaban sus doctrinas en la Torah, Pablo tampoco alude a la Torah para combatir sus enseñanzas. En esto hay una marcada diferencia con la carta a los gálatas donde también se combate a quienes basan sus doctrinas en “los elementos del mundo”. En Gálatas Pablo basa sus argumentos firmemente en el propósito y la función de la Torah.

El texto básico en Colosenses es un himno cristiano ya bien conocido por sus lectores que pudo haber tenido originalmente la siguiente forma:

El es la imagen del Dios invisible,

El primogénito de toda criatura.

Por él fueron criadas todas las cosas.

Es la cabeza del cuerpo.

El es el principio.

El primogénito de los muertos.

Por él fueron reconciliadas todas las cosas

En él se complace en habitar la Plenitud (1:15-20)

Al citar el himno Pablo le añade anotaciones que explican lo que este dice. Las cosas criadas son tanto las celestiales como las terrenales, visible e invisibles. Los tronos, dominios, principados y potestades del aire fueron criados por El y para El. El es antes de todas ellos y el que los sustenta. La última línea de la primera estrofa modifica el sentido obvio de la frase notando que el cuerpo no es el cuerpo del universo. Se trata del cuerpo que es la iglesia.

En la segunda estrofa se hace referencia a la ya bien conocida definición teológica de “el principio”, sustantivando la frase temporal. Entonces explica que como consecuencia de ser el primogénito de los muertos en su resurrección escatológica El tiene ya el principado sobre todo lo creado. Finalmente confirma que la reconciliación de todos lo creado, incluyendo a los poderes del aire, fue realizada por Su muerte en la cruz. Esta reconciliación tiene su consecuencia más real en la paz que ahora existe entre los judíos y los gentiles de manera que los colosenses, obviamente gentiles, que antes eran “extraños y enemigos” también están en paz dentro del cuerpo de la iglesia por la acción del Primogénito de los muertos.

El himno que sirvió de texto base exalta a Cristo como creador y reconciliador del universo. Su tema es cósmico. Comienza declarando a Cristo la imagen del Dios invisible que le dio personalidad a Adán y que creó todas las cosas. Una afirmación similar es hecha por el autor del cuarto evangelio, sólo que en vez de referirse a “la imagen de Dios” usada en la creación de Adán, alude al “Logos” (pensamiento, palabra, discurso, razón) como el agente usado por Dios para crear al universo, expandiendo la idea expresad en el Salmo 33:6, “Por la palabra de Yahvé fueron hechos los cielos”.

El himno concluye caracterizando a Cristo como la personificación de la Plenitud. La palabra original, Pleroma, expresa lo que los filósofos consideraban La Totalidad de lo que Existe (incluyendo a Dios). Aquí se dice que La Pleroma esta contenta de haberse asentado en el Cristo resucitado. No puedo pensar en una manera más clara de decir que Cristo Resucitado es un ser cósmico. El autor de la carta, sin embargo, piensa que es necesario asegurarse que todos entienden lo que dice. Preocupado de que los colosenses adopten las enseñazas de quienes explican la creación en términos de los elementos del mundo, pensando que al hacerlo ganan acceso al misterio de la perfección necesaria para viajar por las esferas celestiales, Pablo les explica “porque en El habita toda la Pleroma de la divinidad corporalmente y en El estáis perfeccionados, El cual es la cabeza de todo principado y potestad” (2: 9-10).

Esta es una declaración extraordinaria. Por un lado, está basada sobre la noción hebrea de la unidad del ser humano. Por el otro, sobreentiende que el universo es un individuo con alma y cuerpo. Esta manera de ver al universo, o La Pleroma, ya era bien conocida en el primer siglo y está muy bien documentada en los escritos de Filón de Alejandría. Ambas nociones sirven para concebir a La Pleroma como una unidad que incluye al Dios del universo. La realidad física del universo es el cuerpo de la divinidad. Además, hay que notar que los principados y potestades del aire, que son parte integral del cuerpo, están bajo el control de la cabeza del cuerpo universal, el Cristo Resucitado. Esto puede pasar como la expresión antigua del panenteísmo moderno.

En otras palabras, en Colosenses se dice que, si bien había extraños y enemigos en el universo original, por medio de la muerte y la resurrección de Cristo toda enemistad ha sido reconciliada y ahora reina la paz. Cristo es ya la cabeza que controla a toda La Pleroma. Esta es una perspectiva muy distinta a la de Pablo en 1 Cor. 15, o a la de Juan el Teólogo en el Apocalipsis. Lo más interesante del argumento en esta carta es que usa la circuncisión como metáfora central para señalar la superioridad de Cristo sobre los principados y potestades del aire con sus elementos, y como único agente de la perfección.

La circuncisión aquí no es, primeramente, un rito de iniciación, sino el perfeccionamiento del cuerpo. El cuerpo incircunciso no es perfecto. Aquí se entiende que la muerte y la resurrección de Cristo fue la circuncisión del cuerpo de La Pleroma. Como consecuencia, La Pleroma está ahora perfectamente satisfecha. En otras palabras, el Cristo que es el cuerpo en que La Pleroma se complace en habitar fue circuncidado en la cruz. El despojo del cuerpo carnal de Cristo efectuó el despojo del prepucio de La Pleroma.. Al bautizarse, los cristianos participan en la circuncisión de Cristo no hecha por manos (2: 11-15), y de esa manera alcanzan la perfección. Al bautizarse, los cristianos se despojan del viejo anthropos y son vestidos con el nuevo ser que les renueva “el conocimiento según la Imagen del que los creó” (3: 9-10). El que los creó, ya se dijo, es la Imagen del Dios invisible. Ser perfeccionados en la circuncisión de Cristo incluye el despojo del viejo ser y una nueva manera de ver (conocer) las cosas.

Esta manera de ver la creación, como un cuerpo que es perfeccionado al ser circuncidado, y de ver a los cristianos como perfeccionados no por medio de prácticas ascéticas y la adoración con ángeles, sino al ser bautizados y perdonados por la circuncisión de Cristo es, sin duda, única y digna de serio reconocimiento. Después de todo, hacer teología es encontrar las metáforas y las analogías que le dan forma a nuestra fe. La teología de Colosenses es auténticamente original y atrevida, basada en conceptos básicos de un judaísmo helénico que han sido significativamente cristianizados.

El Pablo que escribe Colosenses hace algo parecido con el sábado. En primer lugar vemos que el sábado es mencionado como parte integrante de la frase usada repetidas veces por los profetas cuando exhortaban al pueblo a observar las fiestas del calendario religioso. “Día de fiesta, novilunio y sábados” van juntos en la literatura profética. O sea, se está llamando la atención a la necesidad de sintonizar la vida al calendario religioso.

Aparentemente, los colosenses estaban observando reglas en cuanto a comidas, bebidas, y cuestiones de días de fiesta, lunas nuevas y sábados. Los que enseñaban según los elementos del mundo tenían sus propias reglas que Pablo ridiculiza como “no manipules, no gustes, ni siquiera toques” cosas que “se dejan de ser al ser usadas” (2:22). El consejo del autor es que los cristianos no dejen que nadie los juzgue negativamente por la observancia de reglas de alimentación y el calendario judío (2:16).

Es importante identificar la justificación de este consejo. Los días de fiesta, novilunios y sábados son “la sombra de lo por venir” (2:17). El contexto deja ver que cuando se escribió esto no se estaba haciendo referencia a algo que ya había venido. Ya se ha dicho que la muerte y la resurrección de Cristo es el evento escatológico que ha perfeccionado a La Pleroma, y provee el medio para la perfección de los cristianos por el perdón (2: 13; 3: 13). Sin embargo, el autor también enfatiza que el futuro todavía encierra algo muy importante. “El misterio que había estado oculto y que ahora ha sido revelado a los santos es ‘Cristo en vosotros la esperanza de gloria’” (1:27). La esperanza de lo por venir es que “cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con El en gloria” (3: 4).

Esta carta mantiene que las observancias en materia de comida o en materia de sábados por parte de cristianos no se deben a su origen en el pasado, o a la autoridad de la ley que las impuso. Se deben a que son “la sombra de lo por venir”. De la misma manera que en Romanos se le da importancia a Adán por ser “la figura, el tipo” del segundo Adán, en Colosenses se le da importancia al sábado por ser “la sombra” de lo por venir, la sombra de la glorificación del creyente cuando Cristo se manifieste. Aquí no se está refiriendo a la sombra como algo irreal. No se está aludiendo a la cueva de Platón donde la realidad esta afuera y los que están dentro de la cueva viven engañados pensando que son testigos de la realidad cuando están sólo viendo sombras. Aquí la sombra es el anticipo de la realidad que la proyecta, y que está por aparecer al doblar la esquina. Los sábados, las lunas nuevas, los días de fiesta, las reglas de comida y de bebida son consideradas importantes como anticipos de la Parousia. Si uno quisiera extender la metáfora, se puede decir que al doblar la esquina y ver el cuerpo que proyecta su sombra, la sombra no deja de ser real, o de darle significado al cuerpo. (Este tema es elaborado más ampliamente en el capítulo sobre Colosenses en A Day of Gladness, the Sabbath Among Jews and Christians in Antiquity, University of South Carolina Press, 2003.)

En Colosenses los tres signos demarcadores del límite entre judíos y gentiles, reglas de comida, sábados y días de fiesta, y la circuncisión son usados positiva y muy hábilmente para destacar la nueva situación de los seres humanos en el universo debido a la muerte, la resurrección y la pronta manifestación gloriosa de quien es La Imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda criatura, la Cabeza del Cuerpo, El Principio, El Primogénito de los muertos y El cuerpo en que Toda la Plenitud de la Divinidad se complace en habitar. Aquí la creación funciona como la manifestación corporal de la divinidad que Cristo creó, perfeccionó y reconcilió, trayendo la paz al universo por medio de la cruz. De esta manera, en esta carta las marcas distintivas del judaísmo han sido radicalmente cristianizadas.


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