La Creación en los Libros Sapienciales y los Salmos


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La sabiduría floreció en Israel entre los cortesanos y los escribas que servían al rey. Los que buscaban sabiduría eran hombres con cierta posición social y económica, agentes del rey en misiones diplomáticas y parte de la burocracia que se mantiene en contacto con la fuente del poder político. Lo que en el oriente se llamó sabiduría vino a llamarse filosofía en Grecia. En sus orígenes la sabiduría tuvo que ver con la conducta que produce la vida que vale la pena. Los dichos de “los sabios” cruzaban fronteras libremente y promovían sociedades conservadoras, estables. Su tema principal no es la justicia, sino la riqueza, tanto espiritual e intelectual como material. Las instrucciones de los sabios promovían el avance social y económico de sus discípulos. Siendo que Dios actúa según la justicia retributiva, se deben obedecer las reglas de la cultura social dominante para “que te vaya bien en la tierra”.

Si bien en Israel “el temor de Jehová” vino a ser “el principio de la sabiduría” y debía tener preferencia sobre la cultura social, la mayoría de los proverbios de los sabios tienen un punto de vista secular y pudieron ser apreciados en cualquiera de las naciones vecinas. Proverbios similares a los que se encuentran en la Biblia también se encuentran en las tradiciones sapienciales de Egipto, Babilonia y Canaán. Es notable que en los escritos sapienciales del Antiguo Testamento no se referencia ni a la elección ni al pacto que singularizan a Israel entre las naciones. Mientras que los profetas y Deuteronomio le dan prioridad a jesed, lealtad al pacto, como la virtud por excelencia que caracteriza a Dios; como tal no aparece en los libros sapienciales, pero sí en los salmos.

La literatura sapiencial se distingue por que en ella se lee no sólo a los que promueven el status quo sino también a los que critican, los que cuestionan, los que no se humillan ante la autoridad de sus mayores. Encontramos Proverbios, donde se nos enseña cómo hacer amigos, ganar dinero y tener influencia en la comunidad. Pero también encontramos a Eclesiastés, donde el autor examina los consejos de los sabios y la necedad de muchos y determina que “la sabiduría sobrepuja la necedad como la luz a las tinieblas. El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas: empero también entendí yo que un mismo suceso acaecerá al uno que al otro” (Ecl. 2: 13-14). Al que va a “la casa de Dios”, El Vocero de la Congregación (Qohelth, Ecl. 12:: 11) le aconseja, “acércate más para oír que para dar el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal. . . . Cuando a Dios hicieres promesa, no tardes en pagarla, porque no se agrada de los insensatos” (Ecl. 5: 1,4). En ambos casos lo que hay que evitar no es ser injusto o idólatra; es no ser insensato. Seguramente estos consejos pudieron ser dados en cualquier contexto religioso. La aplicación de la sabiduría es universal. Es por eso que “No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma vea el bien de su trabajo. También tengo yo visto que esto es de la mano de Dios” (Ecl. 2: 24).

Como verdadero filósofo, el Vocero-Predicador es un liberal, es un crítico de las constricciones impuestas por la sociedad que exalta valores tradicionales. Si bien él busca palabras agradables, como buen Pastor sus palabras son “como aguijones, como clavos incados” (Ecl. 12: 10-11). En esto no se diferencia mucho de Sócrates. A sus jóvenes discípulos los insta, diciendo, “Alégrate, mancebo, en tu mocedad, y tome placer tu corazón en los días de tu juventud; y anda en los caminos de tu corazón, y en la vista de tus ojos: mas sabe que sobre todas estas cosas te traerá Dios a juicio. . . . y acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud” (Ecl. 11: 9; 12: 1). Podemos ver, entonces, que si bien les recuerda que habrá un juicio divino, él tiene confianza en los jóvenes y les concede libertad para decidir qué hacer en la vida diaria.

Para los sabios, la familia humana vive bajo el Creador y el Creador es el Dios Todopoderoso. Job puede concebir que Dios es injusto, pero no puede concebir que Dios no es todopoderoso. Precisamente, porque Dios es El Todopoderoso, y en Su creación la justicia retributiva no reina, puesto que los impíos prosperan y los píos sufren, Dios no es ni amante ni justo. Para el autor de Job, la creación demuestra que Dios es todopoderoso y que el ser humano debe reconocer la distancia que existe entre Él que habita la eternidad y los que viven en la tierra donde todo es transitorio. Como dijera el Vocero-Predicador, Dios “todo lo hizo hermoso en su tiempo y aún la eternidad puso en su corazón, pero de tal manera que no alcance el hombre la obra de Dios desde el principio hasta el cabo” (Ecl. 3: 11). “Dios está en el cielo y tu sobre la tierra” (Ecl. 5: 2). “He entendido que todo lo que Dios hace, eso será perpetuo: sobre aquello no se añadirá, ni de ello se desminuirá, y hácelo Dios para que delante de Él teman los hombres” (Ecl. 3: 14).

Sobre esa premisa del Vocero-Predicador, el autor de Job hace que Dios finalmente confronte a Job para que confiese que, siendo que Job no tuvo nada que ver con la creación y Dios es el Todopoderoso Creador, Job debe aceptar el consejo del Predicador y hablar menos y escuchar más. Envuelto en la tempestad Dios acusa a Job de hablar palabras sin sabiduría (Job 38: 1). Dios le pregunta a Job detalles acerca de la creación asumiendo que uno que se considera lo suficientemente sabio como para acusar a Dios de injusticia debiera poder contestar. Al forzarlo a reconocer su ignorancia acerca de la creación, Dios, con mucho sarcasmo, ha hecho que Job admita que siendo que no estuvo presente en la creación no puede contestar Sus preguntas. Entonces Job admite, “He aquí que yo soy vil, ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca. Una vez hablé. . . aún dos veces, mas no volveré a hablar” (Job 39: 37-38).

La creación y sus misterios pertenecen a Dios exclusivamente. Toda la teología de los sabios está basada sobre esta noción de la creación y no en la elección o el pacto.. Su perspectiva abarca a la familia humana; es universal. El que admite ignorancia acerca de la creación es verdaderamente sabio. Todos los seres humanos deben alcanzar sabiduría y reconocerse criaturas sin distinciones. El temor de Jehová como Creador es el principio de la sabiduría.

Los autores de Eclesiastés y Job ofrecen una aguda crítica a la teología parroquial de la ortodoxia deuteronómica donde la aprobación de Dios se mide por la riqueza familiar. Ellos critican a los promotores de la ortodoxia que pretenden saber mucho, hablan necedades y ofrecen sacrificios sin saber que hacen mal. El libro de Job no nos da transcripciones de conversaciones en el concilio de los hijos de Dios, o en la casa donde Job padece su sarna, o de un altercado entre el Dios del torbellino y Job. En él tenemos una obra teológica de primera magnitud en la que se nos amonesta a no confundir el dios creado por las ortodoxias humanas con el Dios Creador de los cielos y la tierra. Basándose en el dios de la ortodoxia Job acusa a Dios de ser injusto. Confrontado por el Dios Creador Todopoderoso Job se declara vil (algo que en su larga disputa con sus amigos se negaba a hacer) y se sienta “en el polvo y en las cenizas” (Job 42: 6). El drama de Job nos enseña que el que ha recibido una epifanía del Creador no puede menos que abandonar los dioses mezquinos de las ortodoxias (Job 42: 3, 5)).

Los salmistas comparten con los sabios admiración por la fortaleza del Dios Creador. Para ellos también el Todopoderoso ha vencido las fuerzas del caos que reinaban en las tinieblas del abismo y ha establecido el cosmos. A estas fuerzas opositoras Dios las ha encerrado bajo llave, habiendo establecido límites que no pueden traspasar (Job 7: 12; 26: 10-13; 38: 8-11; Sal. 104: 9, 25; Prov. 8: 29). Para establecer esta victoria sobre el caos, así como los profetas, los sabios y los salmistas recaen en la mitología cosmogónica de la antigüedad. Rahab, Leviathan, el dragón del mar y las aguas del abismo que en tiempos del caos antes de la creación estaban sobre los montes, pero que ahora están controladas y no pueden traspasar sus términos (Sal. 104:6-9), salen a relucir como protagonistas importantes en la creación. Ningún ser humano puede ponerle un anillo en la nariz a Behemoth o a Leviathan y conducirlo como si fuera un toro domesticado. Pero Dios que lo hizo, indudablemente puede (Job 40:19; 41: 2). Dios es quien creó la serpiente tortuosa (Job 26: 13).

Estas imágenes de las fuerzas del caos domesticadas por un Dios Todopoderoso alcanzan su máxima expresión en un Leviathan creado por Dios para que juegue en el mar con las olas, como si fuera su mascota (Sal. 104: 26). En Job Dios desafía a Job a compararse con Behemoth, “la obra maestra de Dios” al cual Dios dio su autoridad (espada) sobre todo en la tierra. Su todopoderío se realza por su cola como un cedro y genitales con nervios entrelazados (40: 10-14). La impotencia de Job queda ridiculizada por el poder de Behemoth. Claro está: estas imágenes de Leviathan en el mar y Behemoth en el campo es lo opuesto de lo que dice la visión apocalíptica de Isaías 27: 1: “En aquel día Jehová visitará con su espada dura, grande y fuerte, sobre Leviathán, serpiente rolliza, y sobre Leviathán serpiente revuelta: y matará al dragón que está en el mar”. Leviathán aquí no es una mascota que se divierte jugando con las olas. Este contraste enfatiza la visión optimista de la creación en la tradición sapiencial.

Finalmente, debemos notar lo que dice de la creación Proverbios 8: 22-31. Estos versículos, en realidad, son un encomio a la sabiduría y están divididos en tres partes: la prioridad de la sabiduría entre todas las cosas creadas (vv. 22-26), la participación de la sabiduría en la creación (vv. 27-30a) y el gozo que la sabiduría tiene en Dios y la creación es similar al gozo que Dios tiene en la sabiduría (vv. 30b-31).

La primera parte establece la prioridad de la sabiduría utilizando una fórmula que es también usada al comienzo de la Enuma Elish y del relato en Génesis 2: 4a - 3: 24. Enuma Elish comienza diciendo:

Cuando en la altura los cielos no habían sido nombrados,

abajo la tierra firme no había sido llamada por nombre,

cuando Apsu, el primordial, el progenitor de ellos,

y Mummu-Tiamat, la que concibió a todos ellos,

sus aguas mezcladas como un solo cuerpo,

ninguna choza de paja había sido construida

los pajonales no habían aparecido,

ninguno de los dioses habían sido creados,

y ellos no tenían ni nombre ni destino,

entonces fue que los dioses fueron formados en los cielos.

Génesis 2: 5 dice:

Antes que fuese planta del campo en la tierra

y antes que naciese toda hierba del campo

porque no había Jehová Dios hecho llover sobre la tierra,

ni había hombre para que labrase la tierra. . . .

formó entonces Dios al hombre del polvo de la tierra.

Proverbios 8: 22-26 dice:

Jehová me poseía en el principio de su camino, ya de antiguo, antes de sus obras.

El Eterno tuvo el principado desde el principio,

antes de la tierra, antes de los abismos fui emanada (engendrada),

antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas.

Antes que los montes fuesen fundados,

antes que los collados, era yo emanada (engendrada).

No había aún hecho la tierra, ni las campiñas,

ni el principio del polvo del mundo.

Mientras que el autor de Job establece que Job no estuvo presente en la creación y por lo tanto no tiene la sabiduría necesaria para juzgar a Dios (su juicio había estado fundado en el dios de la ortodoxia), el autor de Proverbios establece que la Sabiduría era parte de la realidad anterior a la creación y estuvo presente en la creación. En realidad la sintaxis del pasaje es un poco elusiva y es difícil disidir si dice que la Sabiduría era el ejecutor de la mano de obra, el arquitecto, el mago que llevó a cabo la creación, o si solamente dice que la Sabiduría (indudablemente aquí considerada la personificación de una hypóstasis de Dios) estuvo presente como testigo de la creación. Si se toma en cuenta a Prov. 3: 19, la Sabiduría es considerada el agente de la creación: “Jehová fundó la tierra por la Sabiduría, y por la Inteligencia estableció los cielos”. Esta es una postura distinta a la del salmo que dice, “Por la Palabra de Jehová fueron hechos los cielos y todo el ejército de ellos por el espíritu (aliento) de Su boca (Sal. 33: 6).

El autor de Proverbios, como el autor del salmo (y el autor de Génesis 1), ya concibe a Dios como el que habita la eternidad completamente más allá de la imaginación de los seres humanos. Dios es un ser transcendental. Para llevar a cabo la creación, usó los servicios de un agente intermediario entre el cielo y la tierra, un demiurgos. En Prov. 8 el agente creador es la sabiduría, la inteligencia. Para el salmista fue la palabra, el espíritu. Siglos después, los cristianos tomaron ambas declaraciones como definiciones de Cristo y dijeron que el agente de la creación fue el Cristo pre-existente. En el siglo IV Ariano y sus seguidores, basándose en Prov. 8: 30, insistieron que el Cristo pre-existente no era co-eterno con el Padre, puesto que el texto dice que la sabiduría fue una emanación engendrada por el Padre, que fue entonces usada como la arquitecta de la creación (Nacar-Colunga = arquitecto; Bover-Cantera = artífice).

Si bien Prov. 8 no es un relato poético de la creación, sí hace referencia a eventos específicos del proceso creativo en los cuales la sabiduría cumplió su función de artífice: la formación de la cúpula celeste y del océano que está debajo y alrededor de la tierra, la estabilización de la cúpula y de las fuentes del abismo inferior, la delimitación del mar y la formación de montañas subterráneas que sostienen el disco de la tierra plana. Para esta labor la sabiduría usó un compás, como buena maestra de obras. El salmista le da expresión a este proceso sucintamente: “Porque Él fundó la tierra sobre los mares y afirmola sobre los ríos” (Sal. 24:2).

Finalmente, como en Job 38: 7 el sabio de Proverbios 8 le recuerda a su discípulo que los participantes en la creación se gozaron celebrando el éxito de la empresa.

En resumen, los sabios de Israel enfatizan que el que pretende saber las maneras en que Dios actúa es un necio que habla en términos de dioses creados por los seres humanos para satisfacerse a si mismos. El que ha sido confrontado por el Creador pone su mano sobre su boca y escucha. No habla. La sabiduría consiste en reconocer que Dios no puso al mundo al alcance de los seres humanos desde el principio hasta el cabo. Para decir esto los sabios y los salmistas de Israel usaron una geografía cosmológica que sólo puede calificarse de “primitiva” y “caduca”.

Hasta fines del siglo XVI muchas Biblias incluían representaciones de esa geografía cósmica, pero ninguna Biblia moderna, que yo sepa, incluye tales grabados puesto que se los consideraría curiosidades del pasado. Si bien esos grabados han desaparecido de entre las páginas de la Biblia, las palabras que son parte integral del texto bíblico y dieron origen a esos grabados no pueden ser extraídas y barridas debajo de la alfombra como muchos fundamentalistas y creacionistas están tratando de hacer pretendiendo que nadie se da cuenta. Quien pretende enseñar lo que la Biblia enseña acerca de la creación debe tomar en cuenta toda la evidencia en la Biblia.

[La imagen que ilustra este artículo es "Paisaje", Óleo sobre tela (80cm x 60cm) pintado por Francisco Badilla en 2009. Disfruta de las pinturas del artista adventista F. Badilla en www.franciscobadilla.com]


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