La expiación y la Iniciativa Divina


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(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Estoy feliz de ser un Adventista del Séptimo día, por muchas razones. Una de ellos es que los adventistas estamos entre quienes rechazan la doctrina de la expiación limitada. Muchos cristianos atesoran esta idea, sin embargo, muchos otros en numerosas denominaciones estamos preocupados por lo que esta doctrina dice acerca de Dios. Mi propia opinión es que sería preferible ser ateo antes que aceptarla.

Esta doctrina, llamada también de la “expiación particular”, “definitiva”", o “específica”, enseña que la reconciliación (o expiación) que estamos estudiando esta semana, es una iniciativa divina que está dirigida sólo a algunas personas, y no a todo el mundo.

Corresponde a la "L" en TULIP, sigla que representa las cinco doctrinas de: la depravación total, la elección incondicional, la expiación limitada, la gracia irresistible, y la perseverancia de los santos, las cuales componen el núcleo doctrinal de las formas de calvinismo más intensas y agresivas que vemos en algunos círculos evangélicos hoy en día.

Esta doctrina está muy viva entre los documentos de Internet. También hay muchas presentaciones de vídeo en su nombre en YouTube y sitios similares. ¡Sólo tiene que escribir "expiación limitada" en cualquier cuadro de búsqueda y en segundos usted estará en el gran reino de TULIP!

El Sínodo de Dordt, que se reunió en Holanda entre 1618 y 1619, a fin de aplastar la creciente oposición de Arminio y otros, dio a la doctrina expresión clásica:

Antes de la fundación del mundo, por pura gracia, de acuerdo a la libre satisfacción de su voluntad, él escogió en Cristo para la salvación definitiva a una serie de personas de toda la raza humana, la cual ha caído por su propia culpa de su inocencia original en el pecado y la ruina. (El subrayado es suministrado)

Con el fin de ser lo más claro posible, el Sínodo de Dordt también se expresó en términos negativos. Rechazó las opiniones de los que enseñan que:

el propósito y buen placer de Dios, que la Escritura menciona en su enseñanza de la elección, no implica la elección de Dios de determinadas personas en vez de otras”. (El subrayado es suministrado)

En el siglo XVIII, Juan Wesley con frecuencia se apartó del calvinismo de sus días en éste y otros temas relacionados. En un sermón que él predicó en Bristol, Inglaterra, en 1740, que fue ampliamente difundido, detalla varias de sus objeciones. La que más me interesa está relacionada con su sugerencia de que, debido a que todos tenemos la tendencia a tratar a los demás tal como creemos que Dios nos trata, esta doctrina puede dañar las relaciones humanas en el largo plazo:

Naturalmente tiende a inspirar, o aumentar, un afán del temperamento que es bastante contrario a la mansedumbre de Cristo, tal como aparece a continuación, sobre todo, cuando se opone a la cabeza. Y esta doctrina, naturalmente, inspira frialdad hacia aquellos a quienes supone parias de Dios.…Ustedes saben perfectamente que no era el espíritu del amor el que sentían hacia ese pobre pecador, a quien suponían o sospechaban…que era odiado por Dios.

Pero al final de cuentas, Wesley estaba más preocupado por lo que este complejo doctrinal enseña acerca de Dios:

Por lo tanto, llamémoslo como fuere, elección, predestinación o reprobación, todo se refiere al final a la misma cosa. El sentido es simplemente este: en virtud de un decreto eterno, inmutable, e irresistible de Dios, una parte de la humanidad está infaliblemente salvada, y el resto está infaliblemente condenado; de modo que es imposible que cualquiera de los primeros puedan ser condenados, o que alguno de los últimos pueda ser salvado.

Carlos Wesley escribió en verso su doctrina alternativa a la expiación limitada, tal como lo hizo con muchos otras temas. He aquí unas pocas líneas de uno de sus himnos:

Ayúdanos a exaltar tu misericordia, inmensa, inefable, sin límites; para elogiar el Cordero que murió por todos, el Salvador general de la humanidad.

Un sermón predicado por Carlos Spurgeon sobre “la redención especial” en Music Hall, Royal Surrey Gardens, Inglaterra, el “sábado por la mañana” del 28 de febrero de 1858, establece que también en el siglo XIX esta doctrina tuvo sus heraldos elocuentes. Después de presentar ciertos puntos de vista con los que no estaba de acuerdo, declaró en términos inequívocos:

No creemos que Cristo hizo una expiación eficaz en favor de aquellos que están condenados para siempre; no nos atrevemos a pensar que la sangre de Cristo fue derramada con la intención de salvar a aquellos a quienes Dios sabía que nunca podrían salvarse, algunos de los cuales fueron incluso al infierno cuando Cristo, de acuerdo con el registro de los hombres, murió para salvarlos.

En estas palabras de Spurgeon, vemos los elementos fundamentales de una distinción que se ha convertido en la idea central de la teoría de la expiación limitada. Esta idea es que la gracia de Dios es suficiente para todos, pero es eficiente sólo en algunos.

Lorraine Boettner, uno de los defensores más eficaces de esta doctrina en el siglo XX, sostiene que todos los cristianos limitan la expiación de alguna manera:

El calvinista limita el alcance de la expiación en cuanto dice que no se aplica a todas las personas (aunque, como ya se ha demostrado, cree que es eficaz para la salvación de una gran proporción de la raza humana); mientras que el arminiano limita el poder de la expiación, porque dice que, en sí misma, en realidad no salva a nadie. El calvinista la limita cuantitativamente, pero cualitativamente no, en tanto que el arminiano la limita cualitativamente, pero no cuantitativamente.

Ningún arminiano cree que el poder de Dios “en sí mismo, en realidad no salva a nadie”; sin embargo, al parecer la idea general de Boettner es que es mejor creer que Dios es lo suficientemente poderoso para salvar a algunas personas, que pensar que a Dios le gustaría salvar a todas las personas, pero que es demasiado débil para cumplirlo en su totalidad, es decir, en todos los casos.

Esto es correcto si ser “poderoso” significa que uno siempre consigue todo lo que quiere, y que todos los demás deben aceptar o morir. Pero hay otras formas de poder, que son mejores. Una de ellas es la capacidad de dar a otros la libertad. Otra es la capacidad de persuadir a algunos, que tienen libertad, para que voluntariamente lleguen a un acuerdo o nos sigan. Pero quizás la mayor clase de poder es la capacidad de ser fuerte frente a un intenso e injustificable rechazo. Cualquiera es capaz de causar dolor, pero tiene mucho más poder el que puede absorber el dolor sin ser abrumado.

Una vez más: estoy feliz de ser un Adventista del Séptimo día, por muchas razones. ¡Una de ellos es que estamos entre quienes rechazan la doctrina de la expiación limitada!

David Larson enseña en la Escuela de Religión de la Universidad de Loma Linda, en California.


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