La Fe y La Esperanza


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Las lecciones de la escuela sabática de este trimestre tratan temas básicos de la iglesia. El autor y los editores de las lecciones, me temo, no encaran a la fe y la esperanza en la forma necesaria para poder resaltar lo que es característico en ellas. Según mi parecer, Pablo fue el quien entendió que la fe y la esperanza, juegan el papel más importante en la vida del cristiano. Según él, “el que tiene fe es el que ha de vivir” (Gal. 3:11) y “en esta esperanza hemos sido salvados” (Rom. 8:24).

Por lo general, comenzamos con la presuposición de que Dios nos a revelado conocimiento de Su voluntad, de Su “plan”. Dado que ya tenemos conocimiento de Su plan, poseemos un panorama exacto tanto del pasado como del futuro. En la Biblia encontramos la historia del pasado, comenzando con la creación, y las profecías del futuro terminando con vida en la tierra nueva.

Si planteamos la cuestión sobre esta base, la fe, la esperanza y las ciencias se convierten en simulacros de lo que son. Efectivamente, le hemos quitado a cada una lo esencial en ellas. La fe se convierte en consentimiento a lo escrito en la Biblia. La esperanza ha sido transformada en paciencia durante la espera del cumplimiento de las profecías bíblicas, y las ciencia, tanto las físicas como las sociales, se desmeritan como las “así llamadas ciencias”, meros productos de la razón humana. Como resultado, Dios no tiene nada que ver con ninguna de las tres y la Biblia, convertida en ídolo, ocupa el lugar que sólo Dios puede ocupar legítimamente.

Dejando a un lado las ciencias para otra ocasión más oportuna, consideremos si es que la fe y la esperanza pueden ser lo que son al convertirlas en sustentadoras de conocimientos ya en nuestra posesión.

Como ya dije, quiero ser guiado por el apóstol Pablo. El no fue, como algunos dicen, el fundador del cristianismo, pero si fue quien, favorecido con una educación académica, conceptualizó mejor que nadie el significado de lo que había ocurrido en Jerusalén el fin de semana de la pascua.

Seguramente que los discípulos que fueron testigos de la crucifixión de Jesús entendieron que los romanos habían llevado a cabo una ejecución más en la larga lista de crucifixiones realizadas en el imperio. La crucifixión de Jesús hizo que los discípulos comenzaran a hacer planes para re-integrarse a las vidas que habían abandonado al ingresar al movimiento mesiánico de Jesús. Sus ilusiones mesiánicas habían sido desbaratadas por esa horrible crucifixión. El viernes por la tarde consideraron que el movimiento de Jesús había fracasado rotundamente y comenzaron a hacer planes para volver a ganarse la vida es sus negocios.

El domingo por la mañana aparecieron quienes decían haber visto a Jesús. Pronto hubo un grupo que afirmaba: “Está vivo’. Según 1ª de Corintios 15, los cristianos hicieron listas de los testigos de las apariciones del Cristo Vivo. Estas vinieron a formar parte de “la tradición” que era transmitida en la predicación evangélica.

A pesar de que Pablo no hace referencia a las descripciones apocalípticas que encontramos en otros libros del Nuevo Testamento, su marco mental era apocalíptico. Para él, la crucifixión había sido el triunfo de las fuerzas del bien contra las fuerzas del mal. En la cruz se le había puesto fin al reinado de Satanás. El Cristo Vivo era el Cristo resucitado por Dios, y su resurrección era el anticipo de la resurrección de todos los justos. El Cristo Vivo era la Nueva Creación por el Espíritu, en la cual todos estamos invitados a participar al actualizar nuestra muerte y resurrección en el bautismo. El bautismo realiza nuestra integración a la Nueva Creación en el reino del Espíritu Santo. El bautizado ya no vive bajo la ley en el reino del pecado y la muerte, sino que vive en el Espíritu en el reino de la justicia y la vida. Todo esto puede ser tomado en serio sólo por fe. La fe comprende a la crucifixión y la resurrección como acciones de Dios y las hace suyas, produciendo así la reacción correspondiente: el bautismo.

Que Jesús fue crucificado es un hecho histórico del cual podemos tener conocimiento pues fue visto por muchos, pero ningún historiador puede afirmar que Jesús murió para ponerle fin al reinado de la muerte y fue resucitado por Dios para fundamentar la Nueva Creación. Que el reino de la muerte ha sido derrotado y la Nueva Creación ha sido efectuada en la resurrección de Cristo sólo pueden ser afirmaciones de fe. Nadie vio tales cosas.

La fe verdadera es en Dios y su acción salvadora. Confiesa que Dios ha hecho algo en el pasado que me impulsa a ser y actuar por el poder del Espíritu. El texto clave de Pablo dice: ”Abraham tuvo fe en Dios y fue considerado justo”.

¿Por qué fue considerado justo? Porque después de haber escuchado el mensaje: “Levántate de tu tierra y tus parientes y ve a la tierra que yo te mostraré”, Abraham no se levanto y dijo: “Qué locura es pensar que debo abandonar mi gente”. El consideró el mensaje como la voz de Dios y comenzó a caminar hacia esa tierra desconocida. Su fe en Dios fue la razón para partir de Ur de los Caldeos.

Su esperanza era que Dios le iba a mostrar esa tierra desconocida. Su fe era el fundamento de su esperanza. La fe le hizo tomar en serio el pasado. Su esperanza le hacía tomar en serio el futuro. Tuvo que caminar mucho sin tener conocimiento alguno de dónde iba, pero confiado en que caminaba por fe, también confiaba que, no importa qué clase de tierra era esa a la cual se dirigía, saber que Dios era quien se la había prometido era todo lo que necesitaba para seguir caminando esperanzado. La fe confía que la acción ya experimentada fue acción de Dios. La esperanza confía en que de la manera en que Dios actuó en el pasado, Dios también actuará en el futuro. Ambas admiten que tanto del futuro como del pasado no tienen “conocimiento”. Ni en el pasado ni en el futuro han visto aquello en lo cual confían. El que tiene conocimiento no necesita ni fe ni esperanza. Los cristianos caminamos “por fe, no por vista”, “la esperanza que es vista, no es esperanza”. De la crucifixión de Jesús podemos tener conocimiento, pero la evidencia de que el reino de Satanás ha sido derrotado deja mucho que desear. Conocimiento de la crucifixión no provee fe en el triunfo de Dios sobre la muerte. La información acerca de una tumba vacía puede ser suficiente para algunos así-llamados historiadores, pero ningún historiador puede afirmar el establecimiento de la Nueva Creación predicada por Pablo. El cristiano no afirma la resucitación de un cuerpo humano, sino el triunfo de la vida en el Espíritu para beneficio de todo creyente. Las acciones de Dios en el pasado no fueron vistas por nadie. De ellas nadie tiene conocimiento objetivo. Es sofistería pensar que porque la Biblia es un objeto toda información obtenida de ella es objetiva. La fe que afirma la acción de Dios en la muerte y la vida de Cristo tiene esperanza de vida eterna. Pero lo que la fe y la esperanza saben no es conocimiento objetivo. Las descripciones espectaculares de la vida con Dios no nos dan conocimiento. Del futuro nadie tiene conocimiento. “Cosa que ojo no vio ni oído oyó” es con lo que Dios uno de estos días quiere sorprendernos.


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