La ley antiinmigración de Arizona destapa paradojas del adventismo


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Datos recientes sobre el crecimiento de la membresía en las iglesias de Estados Unidos (EE.UU.), muestran que la Iglesia Adventista del Séptimo Día es la segunda denominación con más crecimiento en dicho país, justo un poco por detrás de los Testigos de Jehová. Según fuentes Adventistas oficiales, en 2009, año en que se registraron las últimas cifras, la membresía adventista en Estados Unidos contaba con 1.043.606 miembros y un crecimiento anual del 2,1 por ciento.

Sin embargo, el crecimiento no es homogéneo en los distintos grupos étnicos. Ron Clouzet, Director del Instituto Evangelístico de la División Norteamericana en la Universidad de Andrews en Berrien Springs, Michigan, comentó a un periodista que en realidad no parece que la iglesia esté creciendo demasiado, sino que los adventistas de origen hispano son “el único grupo que está aumentando en número,” y añadió “de no ser por los hispanos, nuestro crecimiento sería aún más deprimente.”

Sin embargo, cuando el estado de Arizona aprobó una nueva ley contra la inmigración (SB1070) que de hecho tenía como objetivo a los latinoamericanos ilegales, la Iglesia Adventista no apoyó a sus miembros indocumentados. A pesar de que las iglesias adventistas de Arizona tienen hasta un 85 por ciento de miembros indocumentados, la División Norteamericana (DNA) publicó una declaración que aseveraba que solo oraba por el redil legal. (Véase a continuación)

Declaración sobre las preocupaciones hispanas

Desde la División Norteamericana de la Iglesia

Adventista del Séptimo Día

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Contacto: Fred Kinsey, Asistente del Presidente

Para la Comunicación

14 mayo 2010

Los dirigentes de la Iglesia Adventista del Séptimo día en Norteamérica están al corriente de que la ley aprobada recientemente en el estado de Arizona está causando una preocupación significativa entre la membresía hispana. El Comité Asesor Hispano, en representación de [los líderes hispanosde todo Estados Unidos, mostró su preocupación por el posible impacto no intencionado en miembros hispanos que residen legalmente dentro de las fronteras de los EEUU.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día reconoce el principio de tratar a cada individuo con dignidad y justicia. También reconocemos que el tema de la inmigración es complejo y que no es de fácil solución.

Es nuestro deseo y oramos para que el cumplimiento de esta nueva ley en Arizona no cause dificultades a aquellos miembros de origen hispano que residen legalmente en EEUU.

Oramos para que Dios guíe a aquellos que elaboran y hacen cumplir las leyes en los Estados Unidos, para que lo hagan con compasión, justicia y respeto a la dignidad. También pedimos que la paz de Dios prevalezca en todos aquellos afectados por esta difícilsituación.

De puertas para adentro, esta declaración provocó un escándalo dentro de la DNA y entre los líderes adventistas de origen hispano, quienes habían confiado en que la DNA publicaría una condena abierta y audaz a dicha ley que convierte la inmigración ilegal en un crimen estatal. Sus esperanzas se basaban en que el Comité Hispano de la DNA previamente había redactado un borrador mucho más duro.

“[La declaración publicada] reflejaba con exactitud la preocupación de la iglesia por la situación” dijo Fred Kinsey en una conversación de correo electrónico reciente. Cuando la declaración se redactó, Kinsey dirigía el Departamento de Comunicación de la DNA.

Sin embargo, según fuentes familiarizadas con el asunto, un líder hispanoamericano adventista sintió que esta declaración era una “bofetada” a la comunidad hispanoamericana adventista en general, sentimiento también expresado por otros líderes. Tony Anobile, presidente de la conferencia de Arizona, informó a la directiva hispanoamericana que los diezmos habían descendido $144.000 en abril, y que los pastores notificaban sistemáticamente que sus miembros estaban saliendo de Arizona.Anobile reconoció que “toda esta situación constituye un problema muy real para nosotros” y pidió la ayuda de Dios. Aún así, la mayoría de los líderes hispanos permanecieron en silencio e incluso algunos minimizaron el asunto.

La posición adventista oficial estuvo más en línea con la opinión generalizada de los ciudadanos estadounidenses en cuanto a la nueva ley contra la inmigración de Arizona. Cuando el gobernador de Arizona, Jan Brewer, aprobó la ley el año pasado, encuestas realizadas por distintas organizaciones mostraron que un promedio del 60 por ciento de los ciudadanos estadounidenses estaban a favor de esta ley que permite que la policía cuestione y detenga a cualquier sospechoso de inmigración ilegal, aunque no haya sospecha de haber cometido otro crimen.

Esta ley, la más rígida de la historia de la legislación contra la inmigración en EEUU, nunca se ha llevado a cabo con toda su rigurosidad. Un juez de distrito suspendió provisionalmente las secciones más controvertidas después de haber revisado las alegaciones de la Casa Blanca que sostenían que la política de inmigración es un tema exclusivo del gobierno estadounidense. Si este no hubiera sido el caso, la policía no solo tendría derecho a comprobar la documentación de cualquier persona, sino que también sería un crimen en Arizona estar indocumentado y trabajar sin papeles.

Esta ley generó una oposición muy enérgica entre distintos grupos religiosos en Arizona. La Iglesia Católica la calificó de “draconiana”; la Iglesia Metodista como “imprudente, de mente cerrada y mezquina”, y el National Council of Churches (El Consejo Nacional de Iglesias) anunció que iba “en contra de las enseñanzas bíblicas”. Sin embargo, tal y como muestra un estudio publicado por el Pew Research Center de 2006, a pesar de que muchos líderes religiosos dicen estar a favor de la inmigración, el 60 por ciento de evangélicos blancos y un 50 y un por ciento de católicos no procedentes de países hispanos, consideran que los inmigrantes son una amenaza para las costumbres y los valores estadounidenses. También se publicaron porcentajes algo más elevados de personas blancas que consideran que la inmigración constituye una amenaza para la economía estadounidense. Siguiendo la opinión de la mayoría, la Iglesia Adventista expresó su preocupación por aquellos residentes adventistas legales que podrían ser cuestionados por la policía y no hizo declaración alguna en cuanto a aquellos miembros o personas residentes indocumentadas.

¿Por qué no fue la declaración oficial de la Iglesia más contundente? ¿Acaso no había suficientes motivos económicos y demográficos para apoyar a los miembros de iglesia hispanos indocumentados? ¿Por qué motivo no fue la Iglesia Adventista, nuestra iglesia, más vehemente en su desafío a esta ley, mientras que otras denominaciones como la Iglesia Católica sí que la rechazaron firmemente?

“Cuando se trata de salir en defensa de [miembros indocumentados] en temas políticos, la Iglesia Adventista, por lo general, permanece en silencio, en comparación con otras iglesias cristianas”, declaró Lourdes Morales, presidenta del Departamento de Idiomas de la Universidad de La Sierra en California. Por ejemplo, durante el movimiento por los derechos civiles liderado por Martin Luther King, la revista oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo día, The Adventist Review, editorializó en contra de dicho movimiento.

Samuel London, en su libro Seventh-day Adventists and the Civil Rights Movement[Los Adventistas del Séptimo Día y el movimiento por los derechos civiles], hace referencia a un artículo escrito por Raymond Cottrell, “un pastor adventista y editor asociado de The Review and Herald(la revista oficial de la iglesia), quien reprobó la participación eclesiástica en la marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad de 1963…. Su declaración pone de relieve la oposición adventista a la participación política.

Haciendo referencia a dicha marcha, Cottrell declaró; “Cuando la iglesia hace un llamamiento para que el estado imponga sus opiniones a través de la ley, no sólo va mucho más allá del ejemplo e intenciones de sus fundadores, sino que renuncia al llamado divino y asume un rol que Dios nunca concedió a la iglesia.'”[i]

El historiador adventista George Knight señala que en Sudáfrica, la iglesia tampoco tomó una posición firme en contra de la segregación.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día se fundó oficialmente en 1863. Ahora, ciento cincuenta años más tarde, cuenta con 16.3 millones de miembros y está presente en más de 200 países. A pesar de que nuestros fundadores esperaban la pronta segunda venida de Jesús, los adventistas de hoy en día todavía trabajan y oran con la esperanza de que la segunda venida llegue pronto; y también participan de forma muy activa en la defensa de los derechos a no trabajar en sábado y se esfuerzan en defender la libertad religiosa. Socialmente hablando, la iglesia tiende a ser conservadora: ordenamos mujeres como ancianas de iglesia, pero no como pastores; y el aborto sólo está permitido cuando la vida de la mujer o el feto está en peligro.

A diferencia de ahora, los pioneros adventistas se asemejaban más a activistas sociales. Ronald E. Osborn, en su libro Anarchy and Apocalypse: Essays on Faith Violence and Theodicy [Anarquía y Apocalipsis: ensayos sobre la fe, la violencia y teodicea], publicado el año pasado, “explora las dimensiones políticamente subversivas y la no violencia anarquista del discipulado cristiano, en respuesta a dilemas de poder, sufrimiento y guerra.” Osborn nos muestra que los pioneros adventistas eran “inconformistas políticos” y que su “apolitismo” se asemejaba al tipo de “anarquía” que dio renombre a Noam Chomsky.[ii] Estos llegaron a criticar el imperialismo de EEUU.

London define a los primeros adventistas como socialmente progresistas, aunque “durante los años 50 y 60, algunos líderes adventistas blancos hicieron uso de algunos conceptos teológicos y filosóficos en el adventismo para desalentar el activismo político entre los miembros de iglesia.”

Para hacerse una idea del contraste existente entre las actitudes de los adventistas de hoy en día y sus predecesores, Herold Weiss, antiguo profesor en la Universidad de Andrews, usa el ejemplo de llevar armas. Weiss explica que “en cuanto a la relación de los adventistas con el ejército, la fuerte actitud de rechazo a llevar armas ha desaparecido. Cuando existía el servicio militar, aquellos miembros adventistas llamados al servicio intentaban evitarlo declarándose objetores de conciencia. Sin embargo, hoy en día, se alistan voluntariamente en el ejército y no objetan al uso de armas.”

Knight opina que el movimiento adventista surgió de un movimiento de acción social, no obstante, eso no abarca todo el panorama. Elena G. White, cuyas visiones y escritos todavía inspiran a adventistas en todo el mundo, puso gran énfasis en predicar el Evangelio. Ella resuelve de forma muy efectiva el actual conflicto en EEUU entre iglesias conservadoras, que defienden políticas sociales conservadoras, e iglesias liberales, que promueven justicia social.

Según London, “los estudios académicos actuales indican que el trabajo de White estaba motivado por una teología holística”. Para ella, predicar los evangelios sin empoderar a la gente no formaba parte de la voluntad de Dios.

“Claro que [White] tenía un punto de vista holístico, pero también tenía prioridades,” explica Knight, “y esas prioridades no eran simple pragmatismo o lo que mejor funcionase. Sino que esas prioridades trataban un problema teológico muy profundo: la naturaleza y significado de la iglesia en su relación con temas políticos o sociales.” Sin embargo, Knight admite que los fundadores de la iglesia consiguieron unir misión y reforma social de una forma que la iglesia Adventista actual no ha logrado.

“¿Hasta qué punto puede involucrarse la iglesia en las discusiones políticas de un país?” se pregunta Dan Jackson, canadiense y presidente de la DNA en una conversación sobre el contexto de la declaración de la Iglesia Adventista sobre la ley contra la inmigración de Arizona. “No creo que la iglesia jamás haya respondido esta pregunta con claridad”. Jackson opina que la iglesia, por principio, debería evitar inmiscuirse en política. “No creo que Jesús se involucrase en temas políticos y tampoco creo que lo hiciera el apóstol Pablo,” dice.

London presenta en su libro algunas creencias que sostienen este punto de vista. La creencia principal parece ser una eclesiología sectaria, “la creencia de que los cristianos no deberían conformarse con el mundo secular”. Según la interpretación de London, éste tipo de eclesiología invita a la evangelización y desanima a la participación en la reforma sociopolítica. Por tanto, es fácil “insinuar que temas de discriminación e injusticia política no son cuestiones morales, sino que son puramente temas políticos, que por tanto están fuera de la jurisdicción de la iglesia.”

“Si no se hace declaración alguna sobre Arizona, se apoya el status quo. Aunque no creo que la iglesia lo haya pensado conscientemente,” dice Knight. Para él, en el caso de Arizona, “la iglesia mantiene una posición consistente, de acuerdo con la misión.”

Si bien es cierto que las iglesias adventistas afroamericanas en EE.UU. tienen conferencias y uniones separadas, los adventistas hispanos no cuentan con un historial de iglesia organizada dentro de la DNA. Según Knight, los hispanos sólo han comenzado a organizarse en los últimos 15 años “y a crear una identidad separada, como grupo de interés especial” en la iglesia. Según Knight, declaraciones como las que el Comité Hispano esbozó para la ADN son fenómenos recientes.

Ronald Lawson, adventista y profesor emérito de sociología en el Queens College en Nueva York, ha estudiado la influencia de la raza y cultura en el adventismo a escala mundial. “Los adventistas blancos en EEUU han crecido socialmente como resultado del sistema educativo adventista.”, dice “Han prosperado y tienden a tener actitudes de acuerdo con la derecha religiosa, en especial en cuanto a asuntos sociales.” Para Lawson, el hecho de que la declaración hispana fuese suavizada fue simplemente una reacción basada en su opinión personal en cuanto a la inmigración. “Fue un acto reflejo propio de cualquier [miembro del Partido] Republicano.”[iii]

Los adventistas blancos no son el único grupo con actitudes conservadoras. Morales declaró que los líderes hispanos adventistas que reaccionaron en contra de la declaración adventista son “excepciones notables ya que los líderes y miembros de iglesia en la comunidad hispana de EEUU tienden a ser bastante conservadores.”

Según una encuesta realizada por Pew Hispanic Center, publicada el pasado octubre, los hispanos estadounidenses son tan conservadores que dos tercios están de acuerdo con la puesta en efecto de cualquier tipo de sanción a inmigrantes no autorizados. Un dato que choca con que el 74 por ciento de inmigrantes indocumentados son latinoamericanos, según el Departamento de Seguridad Estatal estadounidense.

Estas actitudes en contra de los nuevos inmigrantes demuestran que existe una “rivalidad entre los inmigrantes recientes y aquellos inmigrantes latinos que son residentes legales,” explicaba Edwin Hernández, investigador adventista en el Centro para el Estudio de la Religión Latina en la Universidad de Notre Dame.

“La iglesia [adventista] se molestó, en parte, cuando sus números se vieron afectados. Desde mi punto de vista, esta preocupación no fue necesariamente, o totalmente, una preocupación fraternal sobre la condición de estas personas; sino que fue: ¡mira! Esta gente se está marchando de vuelta a México, ¿qué vamos a hacer?” señala Morales.

Hace poco, cuando me puse en contacto con presidente de la DNA, éste admitió que apenas estaba familiarizado con los desacuerdos surgidos a raíz de la declaración de la División Norteamericana sobre la ley contra la inmigración en Arizona. Jackson está al corriente de que los líderes hispanos se han sentido insultados. “Me he reunido con el Comité Hispano, pero ese asunto no se planteó,” declaró. Tampoco salió a relucir la petición de la dirección hispana que exigía que se le presentara una nueva declaración al presidente de la DNA.

Cuando Jackson comenzó su mandato, dijo que tenía en mente una agenda con los objetivos a los que se quería dedicar. Ninguno de éstos tenía nada que ver con la inmigración. Es por éste motivo por el que la DNA no se ha esforzado, hasta ahora, por definir su posición en cuanto a la inmigración, a pesar de que el debate sobre la inmigración ha estado activo desde hace muchos años en EEUU. “Nadie en la directiva hispana me dicho: 'vamos a posicionarnos en este tema,' [por lo tanto] yo no estaba al corriente de que esto fuese necesario en este momento,” comentó Jackson. “¿Es algo que necesitemos hacer en el futuro? Probablemente…, tenemos que hablar sobre ello ahora.”

En este momento, éste debate es más relevante que nunca. No sólo porque las denominaciones cristianas dominantes e iglesias conservadoras, como por ejemplo la Iglesia Luterana y la Convención Bautista del Sur, están viendo cómo cada año se vacían más sus bancos, sino también porque el pequeño crecimiento que ha habido en la Iglesia Adventista en Norte América se puede atribuir, en gran parte, al influjo de inmigrantes procedentes de países donde los misioneros de la iglesia han tenido mucho éxito.

Sin embargo, este debate parece haber sido mayormente ignorado en la última década. En 1998, el sociólogo Lawson explicó en un artículo que los mismos patrones demográficos que contribuyen al declive en el número de miembros blancos y afroamericanos, están presentes tanto en la iglesia Adventista como en las iglesias dominantes. “Dada la evidencia del declive en la demografía y la salida de los jóvenes nacidos en la iglesia,” escribió Lawson, “parece evidente que el crecimiento continuado de adventistas americanos dependerá del influjo continuo de inmigrantes.”

Este influjo de inmigrantes ha sido mayor que las expectativas de muchos expertos. Según datos publicados en 2010 sobre el censo en EEUU, la población hispana creció un 43 por ciento desde 2000 a 2010, cifra que representa más de la mitad del crecimiento global de la población estadounidense. En estados como Arizona, la población latina tuvo un gran aumento. Hoy en día, más de 50 millones de personas en EE.UU, o uno de cada seis estadounidenses, son latinos. Esta tendencia continuará creciendo. Las predicciones actuales marcan el año 2042, ocho años antes que estimaciones previas, como el año en que las personas blancas de descendencia europea, ya no constituirán la mayoría entre la población estadounidense.

Si se cumplen estas predicciones, la Iglesia Adventista continuará su crecimiento por lo menos en los próximos 30 años. Pero en Arizona, el crecimiento adventista basado en la inmigración puede verse amenazado a causa de esta ley. Según una publicación del Pew Hispanic Center, además del éxodo de latinos de Arizona, el flujo anual de inmigrantes no autorizados se redujo casi en dos terceras partes en 2009, en comparación con el año 2000.

Desde 2004, Arizona ha contribuido a esta disminución con una serie de leyes en contra de la inmigración que poco a poco han ido reduciendo los derechos de las personas indocumentadas. En primer lugar, se les denegó el derecho a votar y el acceso a los beneficios públicos y más tarde, se les prohibió el acceso a la educación pública para adultos; y en 2008, la Legal Arizona Workers Act [Ley sobre los trabajadores legales en Arizona] penalizó a empresarios que intencionadamente contrataban a trabajadores indocumentados. La última ley contra la inmigración, aprobada el año pasado, fue la coda de esta tendencia.

“Aproximadamente un 40 por ciento de los hispanos adventistas se han marchado. Algunos se han quedado, pero bajo mucha presión,” informaba en noviembre del año pasado Abimael Escalante, pastor en una iglesia hispana adventista en Phoenix, Arizona.

Escalante también explicó que aun antes de este éxodo masivo, miembros de iglesia hispanos ya habían comenzado a marcharse de Arizona a causa del acoso de la policía. “Hace dos o tres años, la policía comenzó a hacer incursiones con la excusa de estar buscando criminales. Si no tenías papeles, automáticamente te convertías en criminal,” revelaba Escalante.

Un estudio que la empresa mexicana BBVA Bancomer Research llevó a cabo el año pasado, apunta a que desde el comienzo del debate sobre la nueva ley de inmigración 100.000 hispanos podrían haber huido de Arizona. Citando cifras del gobierno mexicano, el estudio dice que 32.380 mexicanos regresaron a su país de origen entre junio y septiembre de 2010. Estas son cifras importantes para un estado como Arizona, donde el 30 por ciento de la población total es hispana y donde en 2008 había 500.000 inmigrantes indocumentados, según datos registrados por el Pew Hispanic Center.

Esta información expone por qué en el censo de 2010 en EEUU, en más de 28 estados residían más hispanos de los que se pensaba, mientras que en Arizona habían casi 1,9 millones de hispanos, un 8.7 por ciento, o 180.000 menos de los estimados. No obstante, ese mismo censo mostraba que la inmigración latina total en EEUU no estaba decreciendo. En 2010, en el censo se registraron 600.000 hispanos más de los estimados.

Todavía [Mayo 2011] no se ha estimado el impacto de la pérdida de población en la economía de Arizona pero la imagen negativa subrayada por esta dura ley de inmigración ha dañado la economía basada en las convenciones y congresos: la base fundamental de la industria turística de Arizona. Un informe publicado en noviembre del año pasado por el Centro por el Progreso Americano dice que, de momento, el estado de Arizona ha perdido 141 millones de dólares y que perderá 253 millones de dólares en su Producto Interior Bruto y 87 millones de dólares en salarios perdidos en los próximos dos o tres años.

“Los diezmos y ofrendas han bajado entre un 40 y un 60 por ciento en mi iglesia,” dijo Escalante. El año pasado, tenía la intención de dividir la iglesia en dos grupos, pero a causa de la nueva ley, se marcharon 250 miembros de iglesia indocumentados, con lo cual tuvo que cancelar sus planes. En esa iglesia, el 85 por ciento de los miembros eran indocumentados. Escalante cree que aproximadamente un 60 por ciento de los miembros de iglesia adventistas en Arizona no tienen papeles.

Estas pérdidas demográficas y económicas no han pasado desapercibidas para los senadores de Arizona, quienes en marzo del año pasado votaron una nueva ley contra la inmigración que amenazaba la sanidad y la educación. Además, en un esfuerzo por mejorar su imagen, Arizona invirtió 250.000 dólares en la industria turística. Detrás de todo esto está la Cámara de Comercio de Arizona, que estima un máximo de 150 millones de dólares en pérdidas para el turismo.

Sin embargo, para los líderes de la iglesia adventista tomar medidas con respecto a este tema no va a ser tarea fácil. “La iglesia nunca será políticamente activa pero debería estar proactivamente involucrada en los asuntos más importantes que enfrenta la nación… Ahí sí que veo una diferencia” dijo Jackson refiriéndose a decisiones futuras sobre inmigración.

Si se diera el caso de que otro estado aprobase una ley similar, Jackson dijo que “por supuesto que la DNA apoyaría a sus miembros. Todo aquello que podamos hacer, lo haremos con asesoramiento legal. Donde quiera que nuestros miembros estén necesitados, si son maltratados, si son víctimas de injusticias, la iglesia les apoyará.”

Jackson aboga por un enfoque individualizado y parece estar abierto a métodos diferentes para proteger a su rebaño. “¿Debería la iglesia tomar parte activa en cada asunto político? No estoy seguro. ¿Debería trabajar la iglesia entre bastidores y hasta públicamente y de forma proactiva para asistir a sus miembros? Por supuesto,” afirmó Jackson.

En EEUU, el debate sobre la inmigración parece no haber hecho más que empezar. Lo que Jackson probablemente quiera hacer es acabar con futuras decepciones para los líderes hispanos adventistas. “Incluir a todas las naciones y pueblos es uno de los objetivos preeminentes de la dirección y personal de la División Norteamericana. Estamos decididos a acercarnos a nuestros hermanos y hermanas hispanos, con el fin de proporcionarles apoyo moral y aliento en todas las situaciones, incluso en asuntos de inmigración. Queremos capacitar su celo y entusiasmo por Cristo y el evangelio en nuestro territorio.”

Traducción de Elisabeth Serrano. Este artículo apareció orignalmente en inglés en el último número de la revista Spectrum.

Foto de Jacob Ruff. Según el autor, esta foto captó una representación teatral de la asociación Mujeres Unidas y Activas para pedir al gobierno de EE.UU. una ley de inmigración justa. Este acto tuvo lugar poco después de que la ley antiinmigración SB1070 fuera parcialmente bloqueada por el juez.

[i]London, Jr., Samuel G. Seventh-day Adventists and the Civil Rights

Movement. (Jackson, MS: University Press of Mississippi, 2009), 66, 176.

London cita a Raymond F. Cottrell, “Rendering to Caesar What

Belongs to God,” Review and Herald 140.42 (October, 1963): 13.

[ii]Osborn, Ronald E. Anarchy and Apocalypse: Essays on Faith, Violence,

and Theodicy. (Eugene, OR: Wipf and Stock/Cascade Books, 2010).

[iii]Lawson, Ronald. “From American Church to Immigrant Church:

The Changing Face of Seventh-day Adventism in Metropolitan New

York,” Sociology of Religion 59.4 (Winter 1998): 329–51


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