La Verdad: la realidad vivida por Dios


(system) #1

(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

La epístolas de Juan pueden ser mejor entendidas dentro de la rúbrica dualista de “lo natural” y “el espíritu”. Por “natural” me refiero al mundo físico en el que vivimos, y por “el espíritu” me refiero al vibrante reino donde no se lleva a cabo la actividad física. Como seres humanos, vivimos tanto en el ámbito de la naturaleza como en el del espíritu—y en los dos al mismo tiempo. Por lo tanto, el dualismo de Juan no es estrictamente platónico. Se lo entiende en la cosmovisión hebrea holista, en que el espíritu y la naturaleza son una sola cosa. (“Y Jehová Dios [espíritu] formó al hombre del polvo de la tierra [natural], y sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre se convirtió en un alma viviente [espíritu y natural]” [Gen. 2:7 ]).

La realidad en que vivimos no puede reducirse a una mera existencia en el reino natural. Nuestra realidad vivida subsume el reino natural, pero también lo trasciende para encontrar satisfacción en el reino del espíritu. El ámbito natural se centra en el aquí y el ahora, en tanto que el reino del espíritu se relaciona trascendentemente con el pasado, el presente y el futuro de la vida.

Es evidente que este dualismo no es platónico; sin embargo, proporciona el campo semántico del que Juan extrae el concepto que le da sentido al paradigma de que la verdad es la realidad vivida que puede realizarse plenamente en el reino del espíritu, y no sólo en el medio natural. Por lo tanto, reducir nuestra vida exclusivamente a uno de estos dos dominios es negar el poder de la verdad como una realidad viva.

La enseñanza básica de Juan se expresa en 1 Juan 3:23, y la presenta como un mandamiento (y me gustaría añadir un mandamiento dualista). Hay que creer en el nombre (autoridad) de Jesús (como Hijo de Dios—4: 15, 5:1, 5:20) y debemos amarnos unos a otros (3:10, 14, 17, 18; 4:7-21). El primero implica creer que Jesús vino en la carne (y no exclusivamente en el espíritu, como es la enseñanza gnóstica), y el segundo mandamiento declara que existe un concepto cristiano de la realidad de la vida (tanto “natural” como en “el espíritu”). En Juan, esta realidad de la vida de amor se articula en términos de andar, permanecer, obedecer, creer, hacer / practicar, conservar, confesar, imitar, haber nacido de —y la lista continúa.

Si Jesús no hubiera venido en la carne, no habría una realidad viva—no habría una verdad fundamentada. Igualmente, si los cristianos no aman, no habría una realidad viva—no habría una verdad vivida. Esto se debe a que, como antes se refirió, la verdad pertenece al reino del espíritu (1 Juan 5:6). Permítanme explicar.

La verdad es algo más que meros hechos. Muchos han reducido la verdad a los hechos—una simple base de datos. En este sentido, su verdad es segura y fácilmente manejable. La ciencia y la historia, para nombrar dos campos, están preocupados con los hechos. Hay una dicotomía y, sin embargo, una relación entre la realidad y la verdad. Aunque los hechos podrían considerarse por sí solos, la verdad subsume y trasciende los hechos. Véase la relación:

Hecho:

  1. Carta
  2. Historia
  3. Temporal
  4. Lineal
  5. Estático
  6. Realismo / Obras
  7. Datos
  8. Conocimiento
  9. Teoría
  10. Realidad para los ojos humanos

Verdad:

  1. Espíritu
  2. Historia de él / Historia de ella (La Historia de Dios)
  3. Eterno
  4. Polar-cíclica
  5. Dinámico
  6. Fe
  7. Significado
  8. Experiencia
  9. Lo vivido
  10. Realidad a los ojos de Dios

No estoy poniendo en contra a la verdad frente a los hechos. No se trata de un caso de “o lo uno, o lo otro”. Estoy diciendo simplemente que los hechos no son nunca suficientes. Deben ser valorados a través de los ojos de Dios. Sólo entonces tenemos toda la verdad.

Dicho de otra manera, si los hechos se consideran en términos de mera información, no pueden ser toda la verdad sino sólo una parte de la verdad. La verdad completa ve la situación a través de los ojos de Dios, porque la verdad es espíritu (1 Jn 5:6). La Posmodernidad ha pinchado el mito del poder de los hechos, pero no ha ido lo suficientemente lejos en su esfuerzo por entender el espíritu, donde se encuentra toda la verdad. Por otra parte, algunos cristianos han reducido el Decálogo a una serie de “hacer” y “no hacer”, y la escatología a una serie de hechos secuenciados, y su justicia es “una justicia por los hechos”, es decir, legalismo. Pero su testimonio no es la verdad.

El reto entonces es conocer (por experiencia) la verdad, y descubrir que la verdad nos hará libres (Juan 8:32). La buena noticia es que Jesús es la personificación completa de la verdad (Juan 14:6). Es su realidad vivida a la que estamos invitados dentro de nuestra rutina diaria, incluso con todas sus complejidades, contradicciones, dolores y luchas. Sólo entonces tendremos la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad. ¡Entonces no sólo sobreviviremos, sino prosperaremos! (es decir, venceremos—1 Juan 5:4, 5).

Gifford Rhamie es profesor en el Departamento de Teología de Newbold College, Reino Unido, donde enseña Estudios Bíblicos y Teología Pastoral, así como co-dirige el Centro de Estudios Religiosos y Culturales.


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