Vida

(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

La lección de esta semana, simplemente titulada “La vida”, es intrigante. También presenta un desafío difícil, el de analizarla brevemente. La vida es el mayor de todos los regalos para la humanidad. El texto de memoria para esta semana, Juan 10:10, expresa la esencia de ese don: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.1 El hecho es que Jesús nos ha dado el tesoro de la vida tres veces, con la promesa de un cuarto regalo que todavía no se ha cumplido.

El primer regalo de vida fue la creación (Gén. 1: 26, 27):

Entonces Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza, y señoree sobre los peces del mar y las aves del cielo, sobre el ganado, a lo largo de toda la tierra, y sobre todas las criaturas que se mueven a lo largo de la tierra”. Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó.

La muerte no estaba en el plan original. Sin embargo, estamos familiarizados con la historia de Adán y Eva en Génesis 3, donde la serpiente engañó a Eva para que comiera el fruto prohibido y Adán se unió con ella. Nos presenta la tragedia de la seducción, la traición, la desobediencia y sus consecuencias, no sólo para Adán y Eva sino para toda la humanidad. Sabemos que fue necesario que salieran del jardín para evitar que comieran del árbol de la vida. Ángeles con espadas de fuego fueron llamados “para guardar el camino del árbol de la vida” (Gen. 3:21–24). Pero la vida no termina ahí.

Hasta que Adán y Eva desobedecieron la instrucción de Dios, el plan divino era que su creación viviera para siempre. La historia de la segunda vez que Dios nos otorgó el don de la vida se encuentra en el nacimiento de Cristo. Jesús se convirtió en un ser humano, nacido de una virgen, y fue colocado en un pesebre que le sirvió de cuna. Su nacimiento cumplió la profecía de Isaías. Con alegría cantamos “Un hijo nos ha sido dado”, un bebé nacido en Belén, que traducido literalmente significa “hogar o casa del panadero”. Jesús nació para ser el pan de la vida que es partido para la salvación de su creación.

El Salvador estaba en un pesebre, donde dependía de sus padres terrenales, María y José. Jesús, el Creador, vivió entre los seres de su creación, enseñando, curando, entrenando a los discípulos que había elegido en el camino de la redención, y les ordenó ir por todo el mundo con la Buena Noticia de la vida, la salvación, la paz y el amor. Verdaderamente, dijo Jesús, “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (KJ). Jesús vino a cumplir la profecía y a restaurar su creación con el don de la vida por segunda vez, pero la alegría de su nacimiento se convirtió en el dolor del Calvario.

La Cruz del Calvario fue el tercer regalo de vida para su creación. “Porque de tal manera amó Dios al Mundo, que ha dado a su único Hijo, para que quien crea en él no perezca sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). El Creador murió por la salvación de sus seres creados–tú y yo–pero nosotros podemos optar por aceptar la vida, la vida eterna, o morir. Escuche las palabras de amor: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Jesús escogió la muerte, haciendo posible que nosotros elijamos la vida.

Jesús vino a dar vida, primero, en la creación; luego, como un bebé en una cuna, y nos mostró cómo vivir; y, finalmente, nos dio la vida mediante su muerte en una cruz, muriendo la muerte que nosotros—su creación— merecemos. Su victoria sobre la muerte es nuestra promesa de vida restaurada mientras esperamos el cumplimiento de su cuarto regalo de la vida, en su Segunda Venida. Entonces, su plan para nuestra redención será completado. De hecho, la vida es nuestro mayor tesoro, conseguido al costo de magníficos regalos que tienen el propósito de restablecer en nosotros el plan original de la vida eterna.

¿Cómo podemos hacer otra cosa que alegrarnos y dar gracias y alabanzas hasta que el Señor venga? Pero la batalla no ha terminado todavía. Todos los días debemos tomar decisiones, a veces difíciles, para vivir y seguir eligiendo los frutos del Espíritu y una vida centrada en Cristo hasta que el cuarto regalo, su venida, una vez más, se cumpla.

Examinemos de nuevo, con asombro, la lección titulada “Vida”. El autor indica que “la vida humana es, en un sentido muy especial, sagrada”. Para el cristiano, el autor está en lo correcto, pero la vida es frágil y, a menudo, infravalorada por muchos otros, como se ve en el aumento de los homicidios, los suicidios, las catástrofes meteorológicas, y entre las víctimas de la guerra. Con respecto a los desastres, uno oye a menudo que se los llama “actos de Dios”. Qué extraño es creer que Dios, que nos dio la vida tres veces y nos ha prometido que lo hará una cuarta vez, sea autor de la destrucción y la muerte.

¿Apreciamos los cristianos la vida como un valor sagrado, o hemos llegado a ser demasiado complacientes en nuestra condición humana? Si veo la vida como algo sagrado, ¿cómo influye en mi comportamiento, pensamientos, emociones, y decisiones? Como cristianos adventistas, honramos a lo sagrado guardando los mandamientos y celebrando el culto los sábados de cada semana, pero ¿rendimos homenaje a lo sagrado en la vida diaria, en las relaciones, y en nuestra preocupación por el medio ambiente?

El autor de esta lección plantea difíciles cuestiones éticas, tales como la pena de muerte, el aborto y la eutanasia. Estas cuestiones nos plantean graves preocupaciones que no son fáciles de resolver. Además, estamos desafiados por la enfermedad, los accidentes que pueden ocasionar la muerte o la discapacidad, las condiciones meteorológicas destructivas, y diversas formas de violencia. La violencia doméstica y el abuso infantil están aumentando, y la Iglesia no es inmune a estas cosas. ¿Por qué? Si realmente creemos que la vida es sagrada, ¿cómo puede nuestro comportamiento ser diferente? ¿Por qué se valora la violencia en las películas, noticias, televisión y los deportes, incluso entre los cristianos? La trágica realidad es que no todas las personas –incluidos los miembros de la iglesia— valoramos la vida.

Las relaciones saludables son los tesoros de la bondad, la benignidad, el amor, la paz y la creencia en el valor de los seres humanos. ¿Con qué frecuencia leemos en los periódicos acerca de estos tesoros? A veces lo hacemos, pero también vemos los artículos que reflejan el mal. ¿Qué énfasis vemos más a menudo? Piense en cómo valora usted la violencia o el valor del mal sin darse cuenta, quizás por la elección de ver ciertos tipos de programas de TV, o al expresar ira en la carretera, o un espíritu crítico, amor a los chismes, la necesidad de tener razón, el uso de un lenguaje o comportamiento duro hacia los demás, etc. ¡Estamos rodeados de esas cosas, pero el amor de Dios es mayor! Mediante el Espíritu de Dios, podemos superar nuestra tendencia natural hacia el mal y tomar decisiones que irradien amor y bondad.

Estas reflexiones me llevan a la sección de la lección titulada “plenitud de la vida”. En ella, el autor enumera cuatro componentes esenciales de la vida “plena” y nos invita a añadir otros, apoyados por la Escritura. He aquí cuatro quisiera sugerir.

  1. Es una vida llena de opciones (Deut. 30:19; Prov. 8:10, 16:16, Juan 7:17, Lucas 10:42).
  2. Es una vida llena de belleza (Ecl. 3:11; Isa. 52:7; Ecl. 3:7).
  3. Es una vida llena de descubrimiento (Sal. 34:8; Sal. 119:10; Mat. 6:33).
  4. Es una vida llena de esperanza (1 Cor. 15:19, Rom. 15:4; Sal. 147:11; Col. 1:27).

Tanto la alegría como la tristeza viven en nuestros corazones. En esta vida nos enfrentamos a la dura realidad del mal y la muerte. Sin embargo, escuchamos las palabras de Cristo: “¡Tened ánimo! Yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). El autor de la lección cita 2 Corintios 5:17: “Por lo tanto, todos somos una nueva criatura en Cristo: las cosas viejas pasaron; he aquí, todas las cosas son hechas nuevas”. Luego, el autor pregunta: “¿Cómo somos “una nueva criatura” en Jesús?” Yo respondo que podemos elegir una vida enriquecida con los frutos del Espíritu—la alegría, el perdón y la paz—y vivir constantemente en el amor de Cristo. Pero en nuestra condición humana, en la que batallan el bien y el mal, a veces tomamos decisiones que más tarde lamentamos.

En Cristo, tenemos la esperanza bendita. Escuche sus palabras de amor y de vida: “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”. Le invito a elegir la vida, viviendo según el mandato de Jesús en Juan 15:17: “Amaos los unos a los otros”, y siguiendo la exhortación de Pablo: “En todas las cosas, dad gracias” (1 Tes. 5:18). Siguiendo este curso de acción, podemos vivir como “nuevas criaturas” para la gloria de Jesús, nuestro Creador, Redentor y Salvador, esperando su Segunda Venida, cuando todas las lágrimas de pesar y dolor se secarán y la promesa de la vida eterna se habrá cumplido.

¡Sí, estoy de acuerdo con el autor de la lección de esta semana: “La vida es sagrada”! La vida es un regalo para ser apreciado todos los días con acción de gracias.

Notas y referencias

1. Salvo indicación en contrario, todos los textos de las Escrituras son tomadas de la Nueva Versión Internacional.

Lana B. Martin, Ph.D., es profesora en la Escuela de Trabajo Social y Sociología “Wilma Hepker” de la Universidad de Walla Walla, College Place, Estado de Washington.


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